Yo, el Señor, soy su guardián;
todo el tiempo riego mi viña.
Día y noche cuido de ella
para que nadie le haga daño.
Isaías 27:3
Nuestras vidas delante del Señor son como huertos o como viñedos. El Señor es quien se encarga de cultivar la viña.
Él nos da el alimento necesario para que crezcamos y demos mucho fruto. El recorta las ramas estériles, retira las hojas secas y arranca las vides que están muertas.
Él se preocupa porque no haya malas hierbas a nuestro alrededor que quieran apropiarse de los alimentos que él ha colocado alrededor de nuestras raíces.
Él nos riega con abundante agua para que nunca nos marchitemos.
Él se encarga de que nadie entre al viñedo a tomar lo que no le pertenece.
Nadie puede hacerte daño porque el Señor es tu protector. Él te cuida día y noche y nada malo te pasará.



