Entren por sus puertas con acción de gracias;
vengan a sus atrios con himnos de alabanza;
denle gracias, alaben su nombre.
Porque el Señor es bueno y su gran amor es eterno;
su fidelidad permanece para siempre.
Salmos 100:3-4
Uno de los resultados de haber puesto nuestra esperanza en Dios es el agradecimiento como caracteristica de nuestra personalidad. Nuestras vidas están agradecidas porque entendemos la bondad de Dios y su gran amor para con nosotros.
La bondad, la misericordia y la fidelidad son atributos de Dios que debemos entender para poder mantener una relación adecuada con nuestro Padre.
De su bondad recibimos la seguridad de que todo lo que ocurre y sucederá en nuestras vidas es para nuestro bien y por lo tanto no debemos preocuparnos por cuanto al final todo resultará para nuestro beneficio.
De su misericordia o gran amor recibimos la seguridad del perdón de nuestros pecados cuando acudimos a él con una actitud de arrepentimiento por cuanto Jesucristo pagó por nuestras faltas pasadas, presentes y futuras y él es nuestro abogado ante el Padre.
De su fidelidad recibimos la seguridad que él nunca nos fallará, que sus promesas son firmes y creíbles y que podemos reposar en él.
¿No son éstas razones más que suficientes para estar permanentemente agradecidos a Dios y confiados de que nada malo nos sucederá porque él está a nuestro lado?



