Atiende a mi clamor,
porque me siento muy débil;
líbrame de mis perseguidores,
porque son más fuertes que yo.
Salmos 142:6
Cuando clamamos a Dios debemos hacerlo de todo corazón de manera que no haya una sombra de duda en las palabras con que le rogamos que nos saque de nuestra dificultad. Delante de Dios no tenemos nada que aparentar o de que presumir. Si estamos débiles, pues así debemos hacérselo saber. ¿O es que acaso él no lo sabe?
Es en nuestras debilidades donde el poder de Dios se perfecciona. Es de nuestras debilidades de lo que debemos jactarnos y hacer alarde, como lo hacía el amado apóstol Pablo.
Parte del secreto está en bajar la guardia y dejarle espacio al Santo Espíritu de Dios para que se encargue del asunto. Ya bastante daño hemos hecho con nuestra interferencia al poder de Dios en nuestras vidas.
Clama a él y déjale actuar y verás la gloria de Dios en tu vida.
Nueva Versión Internacional (NVI)
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Es increible que la respuesta de Dios es inmediata a nuestros pesares, dudas y sufrimientos.
Por: chary posadas el Septiembre 29, 2008
a las 7:30 pm