Archivos para Septiembre, 2008
Septiembre 30, 2008 a 7:41 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado alegría, amistad, compañía, confianza, defensa, desánimo, Deuteronomio, satisfacción, temor

El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes.»
Deuteronomio 31:8
Las promesas de Dios son una cosa maravillosa. Ellas no son promesas pusilánimes, a media máquina o diluídas para adaptarse a las situaciones. Las promesas de Dios son absolutas y firmes. No admiten interpretaciones. Ellas son lo que son, promesas de Dios y por lo tanto no pueden fallar ya que tienen sello de garantía.
Las promesas de Dios dependen de una sola condición, que amemos a Dios sobre todas las cosas y que por lo tanto le seamos obedientes a él. Aparte de esto no hay nada que impida que las bendiciones de Dios fluyan libremente en nuestras vidas para llenarnos de alegría y satisfacción en todo momento, independientemente de las circunstancias que nos rodeen.
Dios ha prometido que estará al frente de la batalla cuando enfrentemos a nuestros enemigos. Que no bajará la guardia. Que nos defenderá con todo su poder. Que estará a nuestro lado para protegernos siempre. Que nunca nos dejará ni nos abandonará. ¿Qué más podemos desear? El desánimo y el temor no pueden ser parte de nuestra vida.
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Septiembre 29, 2008 a 8:27 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado alabanza, bendiciones, dicha, paz, prosperidad, protección, Salmo 147

Alaba al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, oh Sión.
Él refuerza los cerrojos de tus puertas
y bendice a los que en ti habitan.
Él trae la paz a tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Salmos 147:12-14
El amor de Dios por su pueblo es algo impresionante. Cuando todo luce como perdido, cuando parece que ya la esperanza no tiene valor, Dios realiza grandes maravillas que llenan a su pueblo de sorpresa y admiración. Una de las cosas que Dios más disfruta es proteger a su hijos. No contento con protegerlos también los bendice. Los hijos de Dios son los seres más felices de la tierra, pues saben que son hijos del Altísimo, que están a buen resguardo y que todo lo poseen.
A todo esto añade un estado de paz firme y permanente de manera que todo el pueblo puede llevar una vida tranquila y sosegada, sin temor a que los vecinos se aparezcan de improviso a pertubar el reposo. Para completar este cuadro de felicidad el Señor concede a su pueblo prosperidad y productividad. El campo produce a maxima capacidad y los rebaños se acumulan en sus potreros. El producto de su campo se vende a buen precio y las pérdidas son cosa del pasado. En su mesa nunca falta el alimento y todo lo que emprende le sale bien.
¡No hay nada mejor que formar parte del pueblo de Dios!
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Septiembre 28, 2008 a 7:00 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado angustia, ayuda, clamor, compasión, oración, poder de Dios, quejas, Salmo 142

A voz en cuello, al Señor le pido ayuda;
a voz en cuello, al Señor le pido compasión.
Ante él expongo mis quejas;
ante él expreso mis angustias.
Salmos 142:1-2
Muchas personas piensan que Dios es alguien que se encuentra en una dimensión en la cual él no puede tener ni quiere tener contacto y comunicación con su creación. Piensan que nuestros problemas no le atañen y que por lo tanto perdemos el tiempo y hablamos al vacío cuando tratamos de acercarnos a Dios en oración.
Comienzo por aclarar que Dios no se encuentra en una dimensión. Dios está por encima de todas la dimensiones cualquiera que sea el número de ellas y ninguna de ellas lo puede enmarcar o limitar. De manera tal que todas las dimensiones que existen en el universo, visibles e invisibles, conocidas y desconocidas, están a la vista de Dios. Dios las conoce, las maneja y está pendiente de todas ellas. Cuanto más pendiente no estará por nuestras vidas que fueron compradas con un alto precio.
Nuestras angustias, problemas, preocupaciones, afanes y dificultades por grandes o pequeñas que estas sean, por sencillas o complejas que nos puedan parecer, deben ser presentadas a Dios diariamente en oración para que él se encargue de ellas. Es la actitud correcta del hijo que conoce sus limitaciones y acude al Padre para obtener su ayuda y su intervención.
No tardes más en llevar tus asuntos a Dios.
Nueva Versión Internacional (NVI)
Copyright © 1999 by International Bible Society.
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Septiembre 28, 2008 a 9:31 am
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado comprensión, confianza, conocimiento, mano de Dios, maravillas, plan de Dios, poder de Dios, protección, Salmo 139, tranquilidad

Tu protección me envuelve por completo;
me cubres con la palma de tu mano.
Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión;
tan sublime es que no puedo entenderlo.
Salmos 139:5-6
Una de las razones por las cuales nos cuesta tanto establecer firmemente nuestra esperanza y tener una sólida confianza en Dios es la ignorancia acerca de la manera como Dios actúa. Esos mecanismos maravillosos mediante los cuales el controla el universo y nuestras vidas son desconocidos para nosotros y siempre nos llena de sorpresa y admiración ver las obras de Dios en acción.
La idea no es que nosotros conozcamos plenamente todo lo que Dios es y puede hacer. Si lográsemos alcanzar tal nivel de conocimiento entonces seríamos dioses, lo cual ya sabemos es imposible. La idea es que sepamos que Dios tiene el control de todo, absolutamente todo lo que ocurre en nuestras vidas y que todo ello forma parte de un plan maravilloso que él ha establecido para nosotros.
Durante el proceso de maduración de nuestra fe lo importante es saber que Dios hará que se cumpla su voluntad y no como lo hará. Lo importante es saber que todo lo que Dios ha hecho, hace y hará es bueno y conveniente para sus planes y para nosotros.
¡Dios te tiene cubierto con la palma de su mano!
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Septiembre 27, 2008 a 7:49 am
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado agradecimiento, amor, Colosenses, confianza, esperanza, fe, futuro, perdón, vida eterna

…pues hemos recibido noticias de su fe en Cristo Jesús y del amor que tienen por todos los santos a causa de la esperanza reservada para ustedes en el cielo. De esta esperanza ya han sabido por la palabra de verdad, que es el evangelio que ha llegado hasta ustedes.
Colosenses 1:4-6a
En este pasaje de la epístola a los Colosenses el apóstol Pablo nos da algunos datos acerca del origen de la esperanza y algunos de sus frutos. El origen de la esperanza se haya en el mensaje del evangelio. En las buenas nuevas de liberación se nos presenta el futuro absolutamente perfecto que hemos de vivir para siempre en la presencia de Dios por su gracia y mediante los méritos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Esta esperanza tiene como uno de sus frutos la fe en Cristo. La confianza de que él es poderoso para cumplir todo lo que ha prometido y de que nos dará una salvación firme e irrevocable. Es la confianza de que él nos ha dado una vida nueva, el perdón de los pecados, la transformación de nuestro ser y la vida eterna.
El otro fruto es el amor que Dios ha derramado hasta rebosar en nuestros corazones por nuestros hermanos en la fe. Es un amor que no depende de nosotros sino de Dios. Es un amor que el mundo no puede entender porque el egoismo que el adversario se ha encargado de promover en medio de la humanidad se establece como obstáculo para la verdad y la justicia.
Un tercer fruto sería el agradecimiento a Dios por la fe y por el amor, de manera que todo lo que produce la esperanza es bueno para Dios y para nosotros.
Nueva Versión Internacional (NVI)
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Septiembre 25, 2008 a 7:19 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado andar, conciencia, paz, pecado, perdón, súplica, temor de Dios

A ti, Señor, elevo mi clamor
desde las profundidades del abismo.
Escucha, Señor, mi voz.
Estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
Si tú, Señor, tomaras en cuenta los pecados,
¿quién, Señor, sería declarado inocente?
Pero en ti se halla perdón,
y por eso debes ser temido.
Salmos 130:1-4
No hay nada más pesado que un cargo de conciencia. La conciencia que Dios colocó en nuestro ser cuando nos creó se encarga de hacernos sentir mal, siempre y cuando no la hayamos cauterizado con una vida de pecado, por todo aquello que va en contra de los principios de Dios, su justicia y su ley.
La conciencia nos lleva a buscar una salida. Ella nos lleva a tratar de hallar una solución al dilema que se presenta entre querer ser buenos y darnos cuenta de que en realidad somos de lo peor. Ella nos hace ver que nuestro desasosiego es el resultado de haberle fallado a Dios y de que no tenemos manera de resolver el dilema por nuestros propios medios.
Afortunadamente para nosotros Dios tiene la solución en sus manos. Esa solución se llama perdón. Dios nos perdona porque alguien ya se encargó de pagar las consecuencias legales de nuestras fallas. Jesucristo pagó por todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros para que Dios nos pueda conceder su perdón cada vez que acudamos a él con genuino arrepentimiento. No existe otra manera de conseguir la paz del perdón para nuestras vidas.
No sufras más. Dale un giro de 180 grados a tu andar y comienza a caminar en el sentido correcto de la vida. Tu esperanza será fortalecida.
Nueva Versión Internacional (NVI)
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Septiembre 24, 2008 a 6:23 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado actitud correcta, amor, amor de Dios, autoridad, conocimiento, Espíritu Santo, esperanza, mirada, sabiduría, Salmo 123, siervos

Hacia ti dirijo la mirada,
hacia ti, cuyo trono está en el cielo.
Como dirigen los esclavos la mirada
hacia la mano de su amo,
como dirige la esclava la mirada
hacia la mano de su ama,
así dirigimos la mirada al Señor nuestro Dios,
hasta que nos muestre compasión.
Salmos 123:1-2
Cuando estamos atravesando una situación difícil - ¿Cuándo no? – y levantemos nuestra mirada a nuestro Padre celestial para buscar su ayuda, debemos hacerlo con la actitud adecuada y correcta. Lo primero que debemos entender es que Dios es soberano. El tiene la autoridad para decidir lo que será de nuestras vidas, nos parezca bueno o malo. El tiene todo bajo su control.
Lo segundo que debemos entender es que él conoce que es lo mejor para nosotros. El tiene el conocimiento y la sabiduría para definir exactamente cual es el mejor curso de acción. Por lo tanto debemos confiar que su decisión, además de correcta, es la que más nos conviene.
Por otra parte, tenemos que saber e interiorizar que él nos ama profundamente y por lo tanto todo lo que él decida hacer con nosotros es una muestra de su perfecto amor. Finalmente, debemos aceptar que nostros le pertenecemos a él y que por lo tanto debemos obedecer sus instrucciones y su dirección.
En realidad, no es tan difícil acercarnos a Dios con la actitud correcta siempre y cuando tengamos en nosotros la presencia de su Espíritu Santo que rebosa nuestros corazones con su amor.
Nueva Versión Internacional (NVI)
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Septiembre 23, 2008 a 7:15 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado amor de Dios, angustia, ansiedad, clamor, desesperanza, engaños, muerte, rescate, Salmo 116, solución, temor

Los lazos de la muerte me enredaron;
me sorprendió la angustia del sepulcro,
y caí en la ansiedad y la aflicción.
Entonces clamé al Señor:
«¡Te ruego, Señor, que me salves la vida!»
Salmos 116:3-4
Las situaciones en las que nos vemos envueltos tienen a veces todas las características de estar siendo empujados al borde de la muerte. Todo indica que no podremos salir con vida del problema. No vemos solución posible en el corto plazo y nuestra esperanza se diluye hasta desaparecer por completo. El terror nos ahoga y la angustia, la ansiedad y el dolor nos atacan y rodean con tanta intensidad que nos sentimos como en el fondo del océano. Para completar las complicaciones, nuestro adversario nos engaña haciéndonos creer que no hay solución y que debemos rendirnos y entregar nuestra vida así sin más.
La experiencia de las personas que han pasado por estas situaciones y han logrado salir de ellas es que han clamado a Dios y él los escuchó y los rescató de tan comprometida situación. Un ejemplo de esto lo tenemos en el libro de Jonás. El desobediente profeta se vio haciendo submarinismo en el vientre de un enorme pez y se dio cuenta que estaba en un aprieto tal que comprendió que debía acudir inmediatamente al único que lo podía salvar. Para la gloria de Dios, ya sabemos cual fue el desenlace de este episodio.
Aunque tu problema no sea tan grave que casi te encuentres al borde de la muerte, acude a Dios. Clama a él y él te rescatará con su infinito amor.
Nueva Versión Internacional (NVI)
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Septiembre 23, 2008 a 2:07 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado afanes, circunstancias, felicidad, incertidumbre, obsesión, Proverbios, riquezas, satisfacción

No te afanes acumulando riquezas;
no te obsesiones con ellas.
¿Acaso has podido verlas? ¡No existen!
Es como si les salieran alas,
pues se van volando como las águilas.
Proverbios 23:4-5
Algunas personas, de hecho una gran mayoría de ellas, han colocado su esperanza en las riquezas y los tesoros. El mundo moderno vive atormentado por el afán de hacerse rico y alcanzar una supuesta libertad económica.
Lo cierto es que las riquezas, lejos de liberar, esclavizan a quienes ponen sus esperanzas en ellas. Las riquezas se convierten en una obsesión y nunca lo ganado es suficiente para saciar las ansias de enriquecimiento. Todo millonario se ufana de su primer millón como si esa cantidad de dinero no fuese suficiente para vivir una vida cómoda y desahogada.
Las únicas riquezas que traen bienestar son aquellas concedidas por Dios a unos pocos que, Dios en su infinita sabiduría ha determinado pueden manejarlas sin caer en la idolatría del dinero.
Sepamos vivir satisfechos con lo poco o con lo mucho ya que la felicidad para nada depende de las circunstancias o las fortunas personales, las cuales de paso son inciertas.
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Septiembre 22, 2008 a 8:01 am
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado alabanza, mandamientos, obediencia, respeto, reverencia, sabiduría, Salmo 111, temor de Dios

El principio de la sabiduría es el temor del Señor;
buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos.
¡Su alabanza permanece para siempre!
Salmos 111:10
He aquí otro de esos conceptos difíciles de entender. El temor del Señor se confunde popularmente con el miedo y el terror. Es como si debiéramos sentir miedo a Dios. Es como si debiéramos vivir aterrorizados por un Dios que lleno de ira busca cualquier oportunidad para lanzar rayos y centellas sobre nuestras cabezas.
El temor de Dios tiene que ver con el respeto y la reverencia que debemos dar a nuestro creador. Es posible que nuestra relación con Dios nos haya llevado hasta un punto donde mantenemos una cierta familiaridad hacia nuestro amoroso Padre. Esto es bueno. No obstante, seguimos siendo responsables por mantener el respeto y la reverencia que Dios, como creador y ser superior, se merece.
Rendir este respeto y reverencia hacia nuestro amado Padre es el fundamento y principio de la sabiduría. Sabiduría celestial que proviene de lo alto, la cual el mundo no conoce ni podrá conocer.
La obediencia a Dios, que a su vez también se basa en el respeto, es el otro elemento que produce en nosotros ese tesoro mejor conocido como sabiduría. La receta es fácil: Respeto y obediencia. La preparación quizá sea un poco más difícil pero no debemos desmayar sino seguir adelante hacia la meta que debemos alcanzar.
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