Me alegro y me regocijo en tu amor,
porque tú has visto mi aflicción
y conoces las angustias de mi alma.
No me entregaste al enemigo,
sino que me pusiste en lugar espacioso.
Salmos 31:7-8
Cuando uno logra desarrollar una esperanza firme en Dios, lo hace mediante el haber tenido que atravesar diversas situaciones, unas fáciles, otras difíciles, pero situaciones al fin. A medida que vamos superando estas situaciones con la oportuna ayuda de Dios, nuestra esperanza va alcanzando niveles nunca antes imaginados.
Cuando rememoramos todas estas dificultades y como Dios nos ayudó a superarlas, nuestro amor por él se va cimentando y nuestra relación con él se va profundizando de tal manera que ahora nos damos cuenta de que Dios conoce perfecta y totalmente las angustias que nos agobian y cuales son las cosas que más nos afligen, mucho antes de que se las presentemos a él en oración.
Es una gran bendición saber que contamos con el apoyo y la ayuda de Dios y eso nos llena de alegría y regocijo.
¿Cuán firme es tu esperanza? ¿Cuán profunda es tu alegría?




