No bien decía: «Mis pies resbalan»,
cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda.
Cuando en mí la angustia iba en aumento,
tu consuelo llenaba mi alma de alegría.
Salmos 94:18-19
Otra de las razones por las cuales podemos poner toda nuestra esperanza en Dios sin riesgo de ser defraudados es que Dios siempre nos ha respondido en el pasado cuando hemos acudido a él en busca de ayuda.
En numerosas ocasiones, complejas o sencillas, Dios ha acudido a rescatarnos oportunamente cuando ya pensábamos que todo estaba perdido. Él siempre se manifiesta de una manera muy especial y la mayoría de las veces de una forma que nos sorprende y que nunca hubiésemos podido imaginar.
Incluso, no podemos siquiera imaginarnos todas esas ocasiones, quien sabe cuantas, cuando Dios acudió a salvarnos sin nosotros saber que estábamos corriendo peligro. Eso sólo lo sabremos allá en la eternidad cuando acudamos a su gloriosa presencia.
Lo que es seguro es que Dios tiene su consuelo preparado para esos momentos de angustia que de vez en cuando nos presionan y nos hacen pensar que estamos siendo abandonados. Ese, mi estimado amigo, es el trabajo del Espíritu Santo, el consolador. Tu esperanza estará firme en él.




