
Mi alma quedará satisfecha
como de un suculento banquete,
y con labios jubilosos
te alabará mi boca.
Salmos 63:5
¿Qué mejor ocasión que una difícil prueba para que Dios manifieste su inmenso poder y nosotros podamos deleitarnos de su gloria? Cuando podemos experimentar de primera mano el poder y la gloria de Dios en nuestras vidas, nuestra fe en él se afianza y la alabanza brota naturalmente de nuestro corazón y de nuestros labios.
Por eso es que la pruebas resultan ser bendiciones disfrazadas. Al final lo que obtenemos de ellas es superior es mucho más valioso que las penurias e incomodidades a las que nos vimos expuestos mientras aguardábamos la respuesta de Dios.
Al final nuestra alma quedará rebosante de gozo y agradecimiento hacia quien nos supo librar del peligro y quien nos dio una prueba más de su infinito poder y amor por nosotros. ¡Sólo a Dios sea la gloria!



