Quita la escoria de la plata,
y de allí saldrá material para el orfebre;
quita de la presencia del rey al malvado,
y el rey afirmará su trono en la justicia.
Proverbios 25:3-4
Aún cuando una persona logre alcanzar un enorme poder siempre tendrá algunas debilidades que eventualmente terminan constituyéndose en la causa de su caída. El historiador católico inglés Lord Acton lo pudo resumir en una frase demoledora que ha pasado a la historia. Él escribió: “Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente.” Y es que por más poder que alguien tenga nunca podrá ocuparse de todos los detalles de la administración de ese poder y al final tendrá que delegar algunas de sus responsabilidades en gente que por lo general es muy deshonesta. Estos malvados asesores y parásitos se encargarán por todos los medios a su alcance de alimentar el inflado ego del gobernante para garantizar el mantenimiento de la corrupta estructura que los mantiene en posiciones de autoridad. Al final se establece un círculo vicioso en el cual queda atrapado el gobernante al aceptar la corrupción de quienes lo rodean la cual termina siendo su propia corrupción. El que era poderoso termina siendo débil ante el pecado.
Cuando te toque ejercer el poder al nivel que sea recuerda ser muy cuidadoso al seleccionar de quien te vas a rodear. De la calidad moral de tus asesores dependerá que tu gestión sea justa o injusta. No controlar este aspecto en tu administración será la diferencia entre el fracaso y el éxito. Apóyate en la justicia que sólo Jesucristo te puede dar y lidera con excelencia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!



