Patas arriba


A fin de cuentas, más se aprecia
al que reprende que al que adula.
Proverbios 28:23

Cada día que pasa podemos comprobar con mayor certeza que el mundo se encuentra patas arriba. Todo está invertido. Los valores ya no son los mismos de antes, otros valores que nunca fueron valores, los han reemplazado. A lo bueno lo llaman malo y a lo malo lo llaman bueno. Al contrario de la cita de hoy, más se aprecia al que adula que al que reprende. Es cierto que a nadie le gusta que lo estén reprendiendo a cada rato pero si su conducta no es intachable debe entender que la reprensión ha lugar. El sabio acepta la reprensión y la agradece. El entendido reconoce que la reprensión es una ayuda que se le ofrece para que él pueda mejorar aspectos de su vida que no están marchando adecuadamente. El inteligente reconoce que muchas veces Dios utiliza a terceros para hacerle ver lo que necesita corregir.

La adulación, por su parte, no es más que una vulgar mentira disfrazada como alabanza. Su propósito no es resaltar las virtudes de la persona que es objeto de ella sino hacerle creer que es una persona digna de elogio y honor, cuando en realidad ocurre todo lo contrario. La adulación sólo alimenta a la vanidad. Hay personas que se la pasan adulando a otras para supuestamente asegurar sus ingresos y en realidad sólo están elevando un ídolo, lo cual, en su debido momento, les traerá consecuencias impredecibles. La adulación viene directamente del infierno, del corazón de Satanás y como toda mentira no es otra cosa que un pecado. La lisonja sólo produce desconfianza y termina identificando a quien la usa como un sicofante. Pongamos nuestra confianza sólo en Dios y aprendamos a reconocer cuándo un halago es sincero y cuándo la alabanza no es más que una mentira cuyo propósito es obtener nuestro favor. Así estaremos actuando sabiamente. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a Patas arriba

  1. Sugel dijo:

    Para una persona cristiana, la mentira es un ídolo que se opone al Dios verdadero, quien no sólo es el autor y sustentador de la verdad sino la verdad misma. Por eso, la práctica habitual de la mentira es un acto anticristiano, que aleja al ser humano de Dios.

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