Entradas etiquetadas temor de Dios
Octubre 19, 2009 a 6:10 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado belleza, cielos, creación, digno de alabanza, Dios de dioses, esplendor, grandeza, heraldos, majestad, naciones, poder, Salmo 96, santuario, temor de Dios

¡Grande es el Señor y digno de alabanza,
más temible que todos los dioses!
Todos los dioses de las naciones no son nada,
pero el Señor ha creado los cielos.
El esplendor y la majestad son sus heraldos;
hay poder y belleza en su santuario.
Salmos 96:3-6
¿Por qué será que la palabra de Dios nos tiene que estar recordando a cada rato que nuestro Dios es grande y digno de alabanza? Sospecho que ésto tiene que ver con el hecho de que nosotros no rendimos suficiente alabanza a nuestro Dios. Y ésto es aún más sorprendente porque somos quienes tenemos todos los motivos del mundo para alabar a Dios. El problema está en nuestra naturaleza pecaminosa que se resiste a darle a Dios toda la alabanza que él se merece. Simplemente, la presencia del pecado en nuestra vida se convierte en un gran obstáculo para la alabanza.
Pero no hay que desesperar. Mientras nos mantengamos apegados a la palabra de Dios, él nos estará manteniendo en nuestra mentes el recuerdo fresco de las mil y una razones por las cuales debemos estar profundamente agradecidos a él. Y cuando no estés leyendo la palabra de Dios sólo tienes que mirar a tu alrededor para observar las grandes bendiciones que Dios te ha concedido. También tienes la creación a tu disposición para estudiarla y conocer al autor de la misma. Así que no nos faltan razones ni motivos para permanecer en constante alabanza hacia nuestro Padre celestial.
¡Feliz alabanza!
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Octubre 15, 2009 a 6:04 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado cielos, enojo, juicio, obediencia, pobres, Salmo 76, salvación, silencio, temor de Dios, tierra, veredicto

Tú, y sólo tú, eres de temer.
¿Quién puede hacerte frente
cuando se enciende tu enojo?
Desde el cielo diste a conocer tu veredicto;
la tierra, temerosa, guardó silencio
cuando tú, oh Dios, te levantaste para juzgar,
para salvar a los pobres de la tierra. Selah
Salmos 76:7-9
Hay quienes debido a su poca capacidad de entendimiento piensan que Dios es alguien con quien ellos pueden compararse y tratar de tú a tú. Su falta de comprensión de la adimensionalidad de Dios los hace pensar que Dios es cualquier hijo de vecino de quien ellos pueden burlarse y con quien pueden jugarse bromas sin mayores consecuencias. Como ellos no se respetan a sí mismos tampoco respetan a Dios. Ellos creen que Dios es un ser mítico en quien sólo creen los de mente débil.
Cuan equivocados están y cuan grande castigo les espera por su osadía.
Lo mínimo que Dios exige de nosotros es obediencia. Esta es la clave del temor de Dios. El temor de Dios no es vivir constantemente aterrorizado y a la espera de que en cualquier momento Dios nos va a castigar con la más horrible de las penas que a él se le pueda ocurrir. El temor de Dios es simplemente la obediencia que el se merece como creador que es de nosotros. Leed su palabra todos los días y siempre estad atento a las instrucciones que él te dé. Obedécelo en todos tus caminos y verás como la bendición celestial será tu perenne compañera. Él quiere lo mejor para ti. ¿Qué esperas?
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Agosto 4, 2009 a 5:11 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado alabanza, clamor, desprecio, escuchar, honra, Israel, Jacob, menosprecio, pobres, rostro de Dios, Salmo 22, Señor, sufrimiento, temor de Dios, veneraración

¡Alaben al Señor los que le temen!
¡Hónrenlo, descendientes de Jacob!
¡Venérenlo, descendientes de Israel!
Porque él no desprecia ni tiene en poco
el sufrimiento del pobre;
no esconde de él su rostro,
sino que lo escucha cuando a él clama.
Salmos 22:23-24
¿Cuántas veces nos quejamos de que las autoridades elegidas democráticamente no están cumpliendo con su deber? Decimos que se hacen los indiferentes ante el clamor y las necesidades de la ciudadanía. Les recordamos que ellos fueron elegidos por el pueblo para que prestaran un servicio a la sociedad. Y aún a pesar de todos estos reclamos, las autoridades se siguen haciendo de oídos sordos e ignoran las reponsabilidades inherentes a su cargo.
Es muy frustrante para nosotros dirigirnos a un servidor público que ignora nuestras necesidades o es insensible a nuestra situación.
Con Dios las cosas son muy diferentes. Él no es un servidor público y aún así se encarga de resolver todas nuestras necesidades. Él no fue elegido democráticamente para ocupar un puesto en la administración pública y sin embargo resuelve todos los problemas que se nos puedan presentar. Él suple toda necesidad y provee en abundancia todo lo necesario para que el mundo exista. Si acudimos a él y le presentamos nuestras inquietudes, él nos escuchará atentamente y nos proveerá una solución perfecta. ¡Gloria a Dios porque tenemos a quien acudir y quien nos escuche y nos resuelva nuestros problemas!
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Junio 29, 2009 a 8:37 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado agilidad, brío, caballo, complacer, confianza, deleite, gran amor de Dios, hombre, Salmo 147, temor de Dios

El Señor no se deleita en los bríos del caballo,
ni se complace en la agilidad del hombre,
sino que se complace en los que le temen,
en los que confían en su gran amor.
Salmos 147:10-11
El temor de Dios y la fe en él son las bases de una esperanza fuerte. Por cierto, temor no es vivir asustado y con miedo de que Dios nos va a destruir tan pronto su ira se vuelva contra nosotros. Todo lo contrario, el temor de Dios surge precisamente del amor que fundamenta la relación entre él y nosotros. Porque Dios nos ama es que podemos relacionarnos con él. Por su amor tenemos acceso a su presencia y somos justificados—hechos justos—delante de él. Por el perdón y la salvación que no nos merecíamos es que surge en nosotros ese temor de Dios que significa respeto y reverencia hacia todo lo que tenga que ver con su persona.
Así que no es por nuestras grandes hazañas físicas que lograremos captar la atención de Dios sino por la actitud reverente con que nos acercamos a él y por la confianza que le demostramos cuando llevamos nuestras necesidades y nuestras inquietudes a él. Ésto es lo que complace a Dios y no hay nada mejor que mantenernos en una perfecta relación con él.
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Junio 22, 2009 a 8:22 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado Aarón, bendiciones, cielos, creador, descendientes, Israel, pueblo, recuerdos, Salmo 115, Señor, temor de Dios, tierra

El Señor nos recuerda y nos bendice:
bendice al pueblo de Israel,
bendice a los descendientes de Aarón,
bendice a los que temen al Señor,
bendice a grandes y pequeños.
Que el Señor multiplique la descendencia
de ustedes y de sus hijos.
Que reciban bendiciones del Señor,
creador del cielo y de la tierra.
Salmos 115:12-15
Cuúan reconfortante es saber que el Señor no sólo nos conoce sino que nos recuerda a cada uno de nosotros como si fuéramos la única persona que existe en el mundo. Su trato hacia nosotros es muy especial. Su voluntad para con nosotros es de bendición. Es lo único que él desea para nosotros, bendiciones.
Por eso Dios nos bendice a nosotros sus hijos; él bendice a su pueblo, Israel, tanto el Isarel físco como el Israel espiritual. Él bendice a quienes están encargados de pastorear a su pueblo, los pastores. Él bendice a quienes obedecen su voz y sus mandatos. En fin, ¡él nos bendice a todos!
Así que, con espíritus agradecidos, recibamos todas esas bendiciones que Dios ha preparado para nosotros y en las cuales él desea que andemos. No desperdiciemos ninguna oportunidad pues ese es el deseo de su corazón: Bendecirnos.
Y también aprovechemos para bendecirlo a él. ¡Bendito sea el Señor, Dios Todopoderoso!
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Mayo 22, 2009 a 5:02 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado alabanza, buen juicio, eternidad, obediencia, preceptos, principio, sabiduría, Salmo 111, temor de Dios

El principio de la sabiduría es el temor del Señor;
buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos.
¡Su alabanza permanece para siempre!
Salmos 111:10
Algunas de las cosas que más escasean en estos días son la sabiduría y el buen juicio. Constantemente vivimos metiéndonos en problemas por no tener buen criterio o simplemente por supina ignorancia. Siempre andamos de enredo en enredo y todo lo que hacemos termina en complicaciones y problemas.
Pocos se dan cuenta de que la causa de todo esta problemática es que no buscan a Dios. Ni siquieran tienen idea de la causa de sus infortunios.
Por el contrario, hay quienes sin necesidad de mucho estudio presentan un nivel de conocimientos admirable y siempre toman sabias decisiones. Éstos han puesto a Dios como lo más importante en sus vidas. Constantemente buscan la dirección de Dios y obedecen sus mandatos aun cuando ello represente aparente perjuicio e incomodidad en sus vidas. !Ah, pero que recompensa se recibe a cambio de una menor molestia!
Si quieres gozar de abundante sabiduría, busca a Dios y obedece su palabra. Muchas son las bendiciones que podrás disfrutar al poseer la sabiduría y el buen juicio.
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Mayo 17, 2009 a 8:29 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado alabanza, camino, corazón, fidelidad, glorificar, gran amor de Dios, instrucción, integridad, liberación, nombres de Dios, Salmo 86, Señor, sepulcro, temor de Dios

Instrúyeme, Señor, en tu camino
para conducirme con fidelidad.
Dame integridad de corazón
para temer tu nombre.
Señor mi Dios, con todo el corazón te alabaré,
y por siempre glorificaré tu nombre.
Porque grande es tu amor por mí:
me has librado de caer en el sepulcro.
Salmos 86:11-13
Hay dos cosas que siempre podemos pedir a Dios y que él nunca se cansará de concedernos: instrucción e integridad. Si hay algo que necesitamos para podernos conducir en el camino correcto en nuestras vidas es la instrucción de Dios. No basta con leer su palabra, también tenemos que meditar en ella, analizarla y aplicarla en nuestras vidas. Igualmente debemos ser constantes en la lectura para no descuidarnos ni siquiera un día en recibir instrucciones precisas de Dios sobre como debemos comportarnos. Donde hay instrucción, hay temor de Dios y el temor de Dios es el principio u origen de la sabiduría.
La integridad de nuestro ser también produce temor de Dios. Los ojos del mundo están puestos sobre nosotros los hijos de Dios. Ellos están esperando que nosotros caigamos para ellos poder justificar su desdén y rechazo por las cosas de Dios. No podemos por tanto dar un mal testimonio. Nuestra conducta debe ser siempre intachable y para que ésto se pueda dar es necesario estar fundamentados en el poder de Dios y en su justicia. Sólo así podremos dar un excelente ejemplo que otros quieran seguir para que ellos puedan tener un encuentro personal con el Señor Jesucristo.
El Señor te conceda instrucción e integridad.
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Mayo 7, 2009 a 7:33 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado aborrecer, alabanza, bien, camino, corazón, engaños, impíos, inicuo, juicio, mal, maldad, ojos, pecado, pecadores, Salmo 36, temor de Dios

Dice el pecador:
«Ser impío lo llevo en el corazón.»
No hay temor de Dios
delante de sus ojos.
Cree que merece alabanzas
y no halla aborrecible su pecado.
Sus palabras son inicuas y engañosas;
ha perdido el buen juicio
y la capacidad de hacer el bien.
Aun en su lecho trama hacer el mal;
se aferra a su mal camino
y persiste en la maldad.
Salmos 36:1-4
Una de las característica más resaltantes de los malvados es su increíble desparpajo y desvergüenza con relación a su conducta y comportamiento. Para ellos, todo lo que ellos hacen está bien independientemente del mal que causen o del daño que inflijan a los demás. De hecho, piensan que deben ser alabados por su conducta ya que a su entender lo bueno es malo y lo malo es bueno. Ya el profeta Isaías hizo la clara y contundente advertencia de que para dichas personas que tienen trastocado el sentido de lo que es bueno o malo «su raíz se pudrirá y, como el polvo, se disipará su flor.»
A este tipo de personas los vamos a encontrar en nuestro camino día tras día. Difícilmente podremos encontrar un lugar donde no nos topemos con gente de esta calaña.
Lo que debemos recordar cuando nos toque enfrentar a estos seres es que nosotros estamos protegidos por el gran amor de Dios y que su justicia—la cual es tan grande como las altas montañas—nos concederá la victoria y la vida abundante. Amor y justicia sin límites para todo aquel que haya puesto su esperanza en él.
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Abril 22, 2009 a 8:12 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado Aarón, ayuda, confianza, escudo, Israel, pueblo, Salmo 115, Señor, temor de Dios

Pueblo de Israel, confía en el Señor;
él es tu ayuda y tu escudo.
Descendientes de Aarón, confíen en el Señor;
él es su ayuda y su escudo.
Los que temen al Señor, confíen en él;
él es su ayuda y su escudo.
Salmos 115:9-11
¿Cómo explicar a una persona las razones y justificaciones por las cuales deba confiar en otra persona? ¿Qué explicación podemos dar a quien nos pregunte? ¿Qué tipo de razonamientos serán suficientes para que alguien confíe en otro?
En esta porción de la palabra de Dios aparecen dos razones más que suficientes para que cualquiera pueda colocar toda su fe y su esperanza en Dios. En primer lugar se nos exhorta a confiar en Dios porque él es nuestra ayuda. No creo que sea necesario ahondar en este punto. Todos sabemos que Dios provee la clase de ayuda que nadie más puede darnos. Pudiéramos decir que ayudar a los necesitados es su especialidad.
En segundo lugar se nos motiva a confiar en Diós porque él es nuestro escudo. El escudo es algo que se utiliza en el combate. Es un arma defensiva. Dios es nuestra defensa adecuada y efectiva contra todo ataque de nuestro enemigo. Con él estamos totalmente protegidos contra todo golpe que se esgrima en contra nuestra.
De tal manera que Dios es alguien digno de nuestra confianza por cuanto él nos ayuda y nos protege en todo momento y además nunca nos falla. ¿Necesitamos algo más para colocar nuestra confianza en él?
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Marzo 21, 2009 a 6:00 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado barro, cielos, compasión, Dios Padre, gran amor de Dios, hijos de Dios, naturaleza pecaminosa, Salmo 103, temor de Dios, tierra, transgresión

Tan grande es su amor por los que le temen
como alto es el cielo sobre la tierra.
Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones
como lejos del oriente está el occidente.
Tan compasivo es el Señor con los que le temen
como lo es un padre con sus hijos.
Él conoce nuestra condición;
sabe que somos de barro.
Salmos 103:11-14
Nuestra naturaleza humana y pecadora nos impide entender completamente y en profundidad lo que significa el perdón de Dios. A nosotros nos gusta por naturaleza guardar rencores y nunca olvidar las afrentas recibidas. Hay hasta quienes dicen — Yo perdono pero no olvido — lo cual es un simple eufemismo de — Nunca lo perdonaré —.
Que bendición es que el perdón de Dios no se parece en nada a lo que nosotros llamamos perdón. Él nos dice en su palabra que nuestras transgresiones fueron lanzadas tan lejos como está el oriente del occidente, es decir la distancia que existe entre dos puntos que nunca se tocarán sino que más bien se alejan el uno del otro. También nos dice que la distancia que separa a Dios de los pecados perdonados es la distancia que existe entre el cielo y la tierra, lo cual todos entendemos como algo de enorme magnitud e inaccesibilidad.
Tenemos que entender de una vez por todas que pecado perdonado por Dios es pecado olvidado. Somos nosotros quienes nos aferramos estúpidamente a los recuerdos de nuestras malas acciones con un malsano sentimiento de culpa que algunos parecieran disfrutar.
El perdón de Dios sobre nuestras vidas es motivo de alabanza. Alabemos, pues, siempre a nuestro Padre por ser tan compasivo, justo y amoroso con nosotros.
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