Entradas etiquetadas victoria
Diciembre 11, 2009 a 7:27 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado ayuda, camino, ciudad, Dios, Edom, ejércitos, enemigos, fortaleza, hombre, pisotear, rechazo, Salmo 60, victoria

¿Quién me llevará a la ciudad fortificada?
¿Quién me mostrará el camino a Edom?
¿No eres tú, oh Dios, quien nos ha rechazado?
¡Ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos!
Bríndanos tu ayuda contra el enemigo,
pues de nada sirve la ayuda humana.
Con Dios obtendremos la victoria;
¡él pisoteará a nuestros enemigos!
Salmos 60:9-12
Nuestras vida está constantemente rodeada de situaciones y problemas. Son pruebas a las que somos sometidos dentro de lo que se ha establecido como una batalla entre las fuerzas del mal y nosotros que representamos al bien. Es decir, somos parte de un ejército, el ejército de Dios. Y como ejército marchamos siempre hacia adelante en contra de nuestro enemigo. Ahora bien, éste es un ejército especial cuyo Capitán es el mismo Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores. No contamos con otro liderazgo que nos pueda garantizar la victoria en este largo conflicto. Si él llegare a faltarnos, quedaríamos totalmente desamparados y expuestos al feroz ataque de nuestros adversarios.
Gracias a Dios porque nuestro líder celestial nunca nos abandona y siempre está atento a reforzarnos apenas ve que nuestra fuerza se debilita y que perdemos terreno. No sólo nosotros formamos parte de este ejército. También millones de millones de poderosos ángeles están bajo el comando de nuestro Señor y saldrán en defensa nuestra tan pronto Dios se los ordene. Por eso podemos decir juntamente con el salmista: «Con Dios obtendremos la victoria; ¡él pisoteará a nuestros enemigos!»
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Diciembre 8, 2009 a 7:43 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado caballo, ceñir, diestra de Dios, espada, esplendor, gloria, hazañas, humildad, justicia, majestad, Salmo 45, valientes, verdad, victoria

¡Con esplendor y majestad,
cíñete la espada, oh valiente!
Con majestad, cabalga victorioso
en nombre de la verdad, la humildad y la justicia;
que tu diestra realice gloriosas hazañas.
Salmos 45:3-4
Si algo caracteriza a la humanidad es la frustración. No ha habido una época en la historia en que la civilización no se encuentre insatisfecha con su situación. Como las cosas verdaderamente importantes son difíciles de alcanzar, todo el mundo se ha dedicado a la búsqueda de las cosas poco importantes. Aún así, las cosas verdaderamente importantes siguen siendo un deseo frustrado en sus vidas y por lo tanto sus existencias son tristes y vacías. Esta frustación no controlada termina convirtiéndose en ansiedad y desilusión.
Dios que desde siempre ha tenido un perfecto plan para nosotros, envió a su hijo a este mundo para mostrar a la humanidad su amor, su justicia y su humildad. Estas tres cosas importantes que el hombre por sí mismo nunca pudo alcanzar se encontaron en perfecta y armoniosa conjunción en la persona de Jesucristo. Nuestro amado maestro nos sirve de ejemplo y de guía para que nosotros sus discípulos nos dejemos llevar por su amorosa mano por el sendero correcto de la justicia, el amor y la humildad. En ningún otro podrás satisfacer tus más profundas ansias e ideales que por no haberlas antes hallado se ha frustrado tu felicidad.
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Noviembre 29, 2009 a 8:17 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado alabanza, cantos, complacer, conceder, danza, honor, humildad, lira, pandero, pueblo, Salmo 149, Salmos, victoria

Que alaben su nombre con danzas;
que le canten salmos al son de la lira y el pandero.
Porque el Señor se complace en su pueblo;
a los humildes concede el honor de la victoria.
Salmos 149:3-4
Una cosa que nos llena de alegría es saber que Dios se complace cuando le obedecemos y llevamos una vida recta y consagrada. Nuestra razón de ser es la alabanza eterna de su nombre. Para eso fuimos creados. En eso nos pasaremos la eternidad, disfrutando cada instante de su presencia y de su amor inagotable. Nuestra vida terrenal no es sino una etapa de preparación para la gloria eterna y cuando Dios observa que nos estamos preparando adecuadamente, él se goza en gran manera.
¿Estás preparándote para la eternidad o todavía te cuesta elevarte por encima de los detalles rutinarios de esta vida temporal?
Sólo cuando tu mirada y tu enfoque están colocados en la vida eterna es que puedes alcanzar a comprender el por qué de ciertas situaciones que te ha tocado atravesar. Nunca mires a tus problemas. Mira a aquel que los puede resolver y para quien nada es imposible. Cuando mires a tus problemas desde esta correcta perspectiva, éstos dejarán de ser una piedra en tu zapato y podrás disfrutar del gozo de saber que te hayas en medio y formas parte de los planes de Dios.
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Junio 24, 2009 a 6:20 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado angustia, ayuda, compañía, diestra de Dios, Dios, fortaleza, Isaías, sostén, temor, victoria

Así que no temas, porque yo estoy contigo;
no te angusties, porque yo soy tu Dios.
Te fortaleceré y te ayudaré;
te sostendré con mi diestra victoriosa.
Isaías 41:10
Una de las cosas que Dios desea que nos quede muy clara es que no debemos dar lugar al temor. Creo que en la Biblia hay 365 instrucciones de parte de Dios para nosotros donde él nos indica que no debemos temer. ¿Coincidiencia? Lo dudo. Dios no deja nada al azar. Todo está programado y preparado por él desde antes de que el universo fuera creado.
Por eso no debemos angustiarnos. Cuando nos angustiamos, nos enfermamos porque somatizamos esa angustia y nuestro cuerpo y muchas veces también nuestra mente sufren.
Dios nos indica claramente que él nos dará las fuerzas necesarias para seguir adelante. Él es nuestra ayuda, nuestro sostén y la fuente de nuestra victoria. Con un aliado así ¿para qué temer? Confiemos plenamente en su poder y la victoria será nuestra. ¡Adelante sin temor!
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Junio 19, 2009 a 5:00 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado alabanza, cantos, gloria de Dios, maravillas, naciones, nombres de Dios, proclamación, pueblo, Salmo 96, Señor, tierra, victoria

Canten al Señor un cántico nuevo;
canten al Señor, habitantes de toda la tierra.
Canten al Señor, alaben su nombre;
anuncien día tras día su victoria.
Proclamen su gloria entre las naciones,
sus maravillas entre todos los pueblos.
Salmos 96:1-3
La música es parte de la creación y una bella manera de elevar nuestra alabanza a aquel que nos ha dado todo lo que somos, todo lo que hacemos y todo lo que tenemos. Todo ser humano ha sido creado para alabar a Dios, aunque hay muchos que no desean hacerlo por diferentes motivos. El pueblo de Dios, conformado por sus agradecidos hijos regularmente entona su alabanza a Dios mediante un canto que brota de lo más profundo de sus corazones.
Que triste sería el mundo si no existiese la música. Cuán infeliz es la vida de las personas que no tienen un cántico en sus labios para alabar a Dios.
Que en tus labios haya constantemente una alabanza para Dios. Motivos tienes más que suficientes. El solo hecho de estar vivos es una importante razón para elevar una alabanza. Los muertos no pueden hacerlo, pero tú sí. Así que ¿Qué esperas para entonar una melodía de acción de gracias a nuestro Padre celestial? Harás algo que le agrada a Dios y al mismo tiempo harás algo bueno por ti.
¡Bendiciones!
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Junio 4, 2009 a 5:14 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado alegría, bendiciones, gloria, honor, majestad, manantiales, pedir, presencia de Dios, Salmo 21, victoria, vida

Te pidió vida, se la concediste:
una vida larga y duradera.
Por tus victorias se acrecentó su gloria;
lo revestiste de honor y majestad.
Has hecho de él manantial de bendiciones;
tu presencia lo ha llenado de alegría.
Salmos 21:4-6
Es posible que la vida del hijo de Dios a veces se vea llena de muchas dificultades. No es de extrañar que el cristiano se vea rodeado de persecuciones y obstáculos. Con todo y eso, también es cierto que la existencia de los elegidos está llena de ricas bendiciones.
Entre ellas, una muy preciada, una larga vida. Dios concede al justo la dicha de ver a sus nietos y a los hijos de sus nietos. Por otra parte, cuando servimos a Dios, el nos premia con la gloria. Dios también concede en abundancia honor y majestad a quienes le son fieles.
Finalmente, nuestro Padre celestial nos otorga gozo y alegría y como para colocarle una guinda al nevado también nos convierte en fuente de bendición para otros. Con bendiciones y satisfacciones como estas, bien vale la pena ser hijo de Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
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Mayo 4, 2009 a 6:13 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado alegría, bendiciones, corona, deseo, diadema, fuerza, oro, petición, regocijo, reyes, Salmo 21, Señor, victoria

En tu fuerza, Señor,
se regocija el rey;
¡cuánto se alegra en tus victorias!
Le has concedido lo que su corazón desea;
no le has negado lo que sus labios piden. Selah
Has salido a su encuentro con ricas bendiciones;
lo has coronado con diadema de oro fino.
Salmos 21:1-3
Uno de los secretos del éxito del rey David es que él conocía muy bien cual era la fuente de su fortaleza. Más aun, el rey David sabía que la fortaleza no estaba en él sino que sus victorias estaban fundamentadas en la fortaleza de Dios mismo. Por esto es que es importante que nosotros entendamos nuestras limitaciones y nos apoyemos efectivamente en el poder de Dios. Esto aplica para todas las cosas, tanto para las cosas sencillas como para los asuntos más complicados.
Una vez que nos damos cuenta de este fundamental concepto podemos avanzar en nuestro peregrinaje con mayor facilidad porque ya no nos enrollamos la vida ni agotamos nuestras energías al tratar de resolver los problemas por nuestro propio esfuerzo.
Una vez que entendemos estos principios de la vida cristiana podemos sentir el gozo y la alegría de saber que todo problema tiene solución si se lo entregamos a quien verdaderamente puede resolverlos porque él tiene el poder y la autoridad para hacerlo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!
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Febrero 22, 2009 a 8:27 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado ayuda, Dios, enemigos, esperanza, hombre, promesas humanas, Salmo 108, victoria

¿Quién me llevará a la ciudad fortificada?
¿Quién me mostrará el camino a Edom?
¿No es Dios quien nos ha rechazado?
¡Ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos!
Bríndanos tu ayuda contra el enemigo,
pues de nada sirve la ayuda humana.
Con Dios obtendremos la victoria;
¡él pisoteará a nuestros enemigos!
Salmos 108:10-13
Después de tantas veces que hemos puesto nuestra esperanza en seres humanos y éstos nos han fallado deberíamos saber que los hombres son poco confiables. No es que las personas que nos han fallado sean malas personas, de hecho es posible que hayan prometido ayudarnos con las mejores de las intenciones. La explicación del fracaso radica en que la naturaleza humana es débil e inconstante y por lo tanto le cuesta cumplir lo que promete.
Tampoco ésto significa que debemos dejar de intentar apoyar a nuestro prójimo. Lo que tenemos que entender es que nuestros esfuerzos tiene pocas probabilidades de éxito si no tomamos en cuenta a Dios y nos basamos exclusivamente en nuestras propias fuerzas.
Otra cosa que no debemos inferir es que nunca recibiremos ayuda de otras personas. Dios utiliza todos los medios a su alcance para lograr llevar a cabo su propósito en nosotros y eso incluye a personas que pueden ayudarnos en determinados momentos de dificultad.
Lo que tenemos que tomar en cuenta siempre es que debemos acudir a Dios en primer lugar. Él se encargará de todo lo demás. Dios utilizará personas que nosotros ni siquiera nos imaginábamos que nos podían ayudar, personas a quienes nunca se nos hubiera ocurrido ir a solicitar ayuda.
Descansa en él.
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Febrero 20, 2009 a 10:36 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy, Salmos ·Etiquetado amor, cantos, diestra de Dios, Dios, fidelidad, justicia, maravillas, naciones, Salmo 98, salvación, testimonio, triunfo, victoria

Canten al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra, su santo brazo,
ha alcanzado la victoria.
El Señor ha hecho gala de su triunfo;
ha mostrado su justicia a las naciones.
Se ha acordado de su amor y de su fidelidad
por el pueblo de Israel;
¡todos los confines de la tierra son testigos
de la salvación de nuestro Dios!
Salmos 98:1-3
Cuando de verdad hemos entregados nuestros problemas y dificultades a Dios, él se manifiesta con poder. Cuando no nos hemos reservado ningún aspecto de la situación que nos aqueja, él toma el control de todo y de repente, cuando menos lo esperamos, vemos su brazo inigualable colocar las piezas en su lugar.
Podemos dar fe de que el Señor ha hecho maravillas en nuestras vidas. Podemos dar testimonio de que su fidelidad nunca falla. Somos testigos de las bondades y bendiciones de Dios a lo largo de toda nuestra vida.
No dudes ni un instante que Dios te resolverá ese gran problema que le entregaste con un corazón lleno de fe. No te reserves para ti lo más mínimo de la situación que estás atravesando. Pronto verás como el amor de Dios se manifestará con gloria incomparable en tu vida y todo tiempo de dolor quedará en el pasado como un vago recuerdo.
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Diciembre 6, 2008 a 7:00 pm
· Archivado en La Palabra de Hoy ·Etiquetado bendiciones, esperanza, futuro, Jesucristo, Juan, promesas de Dios, victoria, vida

—Señor —contestó Simón Pedro—, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
Juan 6:68-69
Una cosa debe estar bien clara para los hijos de Dios. Nuestra única fuente de protección y bendición es Jesucristo. No hay otro como él. Él es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa tal como bien lo expresó el autor de la´carta a los Hebreos.
Jesucristo tiene palabras de vida eterna y nuestra esperanza es que a su debido tiempo los que hemos creído en él seremos transformados en seres incorruptibles para disfrutar la eternidad a su lado.
Nunca más sabremos de dolor, ni de problemas, ni de hambre, ni de corrupción, ni de enfermedades, ni de muerte, ni de inseguridad, ni de conflictos, ni de adversidades, ni de soledad, ni de dependencias, ni de temor, ni de envejecimiento, ni de pobreza, ni de odios, ni de sufrimientos, ni de pecado, ni de frustración o depresión.
¿No es ésta una hermosa esperanza?
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