La palabra de hoy 17 de enero de 2010


¡Cuán hermosas son tus moradas,
Señor Todopoderoso!
Anhelo con el alma los atrios del Señor;
casi agonizo por estar en ellos.
Con el corazón, con todo el cuerpo,
canto alegre al Dios de la vida.

Salmos 84:1-2

¡Qué bueno es saber que Dios tiene una casa donde podemos visitarlo. No solamente visitarlo sino que muy pronto podremos habitar en esa morada. Debe ser una casa muy grande ya que habrán millones de millones de habitaciones para aquellos que hemos sido llamados y hemos respondido a su dulce voz. La casa de Dios es hermosa y agradable. En ella no hay tristeza ni pesar. En ella sólo hay alegría y paz y un perfecto amor llena todos sus espacios.

No en vano el salmista que compuso este bello poema declara que el estar alejado de esta hermosa morada es simplemente agonía.

Eleva tu voz junto con la del salmista y con alegría canta una nueva canción al dueño de la casa donde habitaremos por la eternidad. Recuerda que esa es nuestra grandiosa esperanza.

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