La palabra de hoy 31 de enero de 2010


Tu palabra, Señor, es eterna,
y está firme en los cielos.
Tu fidelidad permanece para siempre;
estableciste la tierra, y quedó firme.
Todo subsiste hoy, conforme a tus decretos,
porque todo está a tu servicio.
Salmos 119:89-91

La firmeza de las promesas de Dios es el aval que necesitamos para colocar toda nuestra esperanza en ellas. Las promesas de Dios son no pueden ser trastornadas o alteradas. Ellas se mantienen firmes a pesar del paso de los años y nunca fallarán ni dejarán de ser. Todo lo que Dios hace tiene una firmeza contra la cual nada puede imponerse. Por eso es que nuestra esperanza descansa sobre un terreno firme e inconmovible y nada que nos ataque o intente menoscabar nuestra esperanza podrá vencer.

¿Crees que las promesas de Dios son firmes? O por el contrario ¿te has dejado vencer por el desánimo y la desesperanza?

Regocíjate en el hecho de que Dios nunca te defraudará y de que sólo necesitas acudir a su presencia para ver los resultados más maravillosos que puedas esperar. Él tiene todas las soluciones que estás buscando y necesitando. Acude a él y no tardes más. Te conviene hacerlo ya. Bendiciones.

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