La palabra de hoy 21 de febrero de 2010


El Señor ha jurado
y no cambiará de parecer:
«Tú eres sacerdote para siempre,
según el orden de Melquisedec.»
El Señor está a tu mano derecha;
aplastará a los reyes en el día de su ira.
Juzgará a las naciones y amontonará cadáveres;
aplastará cabezas en toda la tierra.
Beberá de un arroyo junto al camino,
y por lo tanto cobrará nuevas fuerzas.
Salmos 110:4-7

Este hermoso salmo nos habla de dos de los oficios de nuestro Señor Jesucristo. Rey y Sacerdote. Como Rey, le corresponde el gobierno de toda su creación, el universo visible e invisible. Igualmente le corresponde ejercer la administración de la justicia en todos los ámbitos del extenso cosmos, empezando por el juicio y finalizando con la ejecución de la sentencia.

Como Sacerdote le corresponde canalizar toda la adoración y alabanza que el universo tributa a su Creador.

Nosotros, como hijos de Dios somos, de manera similar, real sacerdocio cuya misión es proclamar las obras maravillosas de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Mantengámonos pues firmes en la misión que nos ha sido encomendada. Llevémosla a cabo con la esperanza firme de que muy pronto, en el tiempo de Dios, todo culminará de manera espectacular en el plan de Dios para las naciones y para su creación.

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