La palabra de hoy 26 de febrero de 2010


En vano madrugan ustedes,
y se acuestan muy tarde,
para comer un pan de fatigas,
porque Dios concede el sueño a sus amados.

Salmos 127:2

Hasta que no entendamos que toda bendición viene de lo alto y que nada somos, hacemos o tenemos que no nos lo haya dado Dios estaremos en serios problemas para comprender el inmenso amor de nuestro Padre. Normalmente sentimos que todo nos lo tenemos que ganar, que la vida está llena de barreras y obstáculos que deben ser vencidos por nuestras propias fuerzas para poder disfrutar de un merecido descanso. Se nos han enseñado a ser individualistas, cada quien velando por lo suyo y sólo por lo suyo. Se nos ha enseñado a competir, a tratar de demostrar siempre que somos superiores a nuestro prójimo y que todo lo que hemos alcanzado nos lo merecemos.

Dejemos a un lado los afanes de la vida y las trampas que constantemente nos tiende el mundo a nuestro paso para distraernos del sendero de la verdad y el llamamiento a la vida pura que nos ha hecho Dios. Concentrémonos en la meta que tenemos por delante, dentro del camino que Dios ha trazado para nosotros. Buscando primero el reino de Dios y su justicia obtendremos todo lo demás por añadidura, incluyendo el alimento y el descanso. ¡Bendiciones!

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