La palabra de hoy 5 de marzo de 2010


Quien es así recibe bendiciones del Señor;
Dios su Salvador le hará justicia.
Tal es la generación de los que a ti acuden,
de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob.
Selah
Salmo 24:5-6

He aquí una bella promesa de Dios para tu vida. Bendiciones y justicia para ti. Te advierto que esta promesa no es para todo el mundo. Está reservada para un selecto grupo de personas que cumplen ciertos requisitos. Es un estricto criterio de selección el que se aplica para definir quienes pertenecen a este selecto grupo. El primer criterio de selección es tener manos limpias. ¿Cómo están tus manos? ¿Están libres de sucio o de manchas? ¿Qué han hecho tus manos recientemente? ¿Han sido usadas por ti para construir o para destruir? ¿Han completado obras de amor o por el contrario se han dedicado a oprimir al necesitado? ¿Se han quedado inmóviles ante la necesidad de otros o han salido a ayudar hasta el cansancio? El segundo requisito es un corazón puro. ¿Cómo está tu corazón? ¿Arde de pasión por los que no conocen la salvación de Dios o permanece impávido ante la magnitud de la necesidad de conocer la verdad? ¿Se compadece del necesitado o se endurece cuando es confrontado por una mano que solicita ayuda? ¿Mira sus propias necesidades antes que ocuparse por las necesidades de los demás?

El tercer criterio es no ser idólatra. Muchas veces ni nos damos cuenta que ciertas cosas toman el lugar de atención y devoción que sólo debemos a Dios. Nuestro trabajo, nuestros hobbies, los deportes, la música, el alimento, la ropa, el vehículo, la educación, el medio ambiente e incluso nuestra familia. Estas son cosas que Dios nos concede por añadidura pero nosotros las tomamos como el centro de nuestra vida y ahí es donde nos equivocamos. Finalmente, el cuarto requisito es buscar el rostro de Dios. Es posible que nos deshagamos de todas las distracciones y preocupaciones que mencionamos en el requisito anterior para quedar con la atención centrada en nuestro propio ser. Nuestro ego pasa entonces a ser el centro de atención y la única razón de existir. Ésto de seguro nos traerá problemas. Debemos buscar siempre la presencia de Dios en nuestra vida. Él no está lejano o inalcanzable. Él está muy cerca de nosotros pero debemos buscarlo a él y esto será la clave principal para recuperar el equilibrio que Dios quiere para nuestra vida. Ahora sabes que tienes que hacer.

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