La palabra de hoy 7 de marzo de 2010


Ya que sin motivo me tendieron una trampa,
y sin motivo cavaron una fosa para mí,
que la ruina los tome por sorpresa;
que caigan en su propia trampa,
en la fosa que ellos mismos cavaron.
Salmos 35:7-8

Una de las cosas que pasan por alto quienes nos persiguen con implacable celo es que todo el mal que ellos han planificado hacernos se devolverá inexorablemente contra ellos. Como un boomerang lanzado por un aborigen australiano regresa a las manos de su dueño si no logra alcanzar el blanco, así mismo la maldad y el prejuicio se devuelve a quienes traman y conspiran con odio en contra de los hijos de Dios.

Si somos objeto de ataques e insultos no debemos devolver estos mismos agravios a nuestros enemigos. De hacerlo así estaríamos simplemente uniéndonos al equipo de los malvados. Lo que debemos hacer es confiar en que nuestro Padre celestial se encargará personalmente de que quienes nos atacan sean víctimas de sus propias artimañas y caigan en sus propias trampas y fosas que prepararon con sus manos para hacernos caer en ellas. Descansemos en la perfecta justicia de nuestro amoroso Salvador. 

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