La palabra de hoy 25 de marzo de 2010


He caído en la angustia y la aflicción,
pero tus mandamientos son mi regocijo.
Tus estatutos son siempre justos;
dame entendimiento para poder vivir.
Salmos 119:143-144

El hijo de Dios no está exento de problemas y dificultades. Por el contrario, en términos generales da la impresión de que los hijos de Dios se ven envueltos en problemas más a menudo que los que no siguen a Dios. Independientemente de la magnitud o frecuencia con que las dificultades se atraviesan en nuestro camino, la gran diferencia entre ellos y nosotros consiste en la actitud que mostramos cuando tenemos que enfrentar y resolver los conflictos y obstáculos que se nos presentan en nuestro transitar. El hecho de que sabemos con certeza que Dios es nuestro Padre amoroso y que él no permitirá que el enemigo se imponga sobre nosotros nos da la seguridad y el aplomo que necesitamos para enfrentarnos con toda valentía a cualquier problema.

¿Te encuentras actualmente en medio de grandes dificultades? ¿Cuentas con el aval de formar parte de la familia de Dios?

El éxito sobre las pruebas y las batallas que te toque enfrentar depende de que tengas una sólida y constante relación con tu Padre celestial. Acude a él en todo momento. Si las cosas andan bien, alábalo. Si las cosas andan mal, alábalo. Siempre alábalo pues esta es la razón para la cual fuiste creado, para la eterna alabanza de su nombre.

 

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