La palabra de hoy 31 de marzo de 2010


Hazme entender el camino de tus preceptos,
y meditaré en tus maravillas.
De angustia se me derrite el alma:
susténtame conforme a tu palabra.
Manténme alejado de caminos torcidos;
concédeme las bondades de tu ley.
Salmos 119:27-29

La palabra de Dios siempre ha servido y continuará sirviendo como punto de apoyo y dirección para todo aquel que confía en las promesas de Dios. Su lectura calma la angustia y devuelve el ánimo al alma cansada y golpeada por los embates del enemigo. Su estudio da inteligencia y conocimiento hasta para el menos instruido. Su memorización pone en nuestros corazones la semilla de la fe que luego se convierte en frondoso árbol de bendiciones. Su reflexión nos pone en contacto con la mente de Dios y nos da acceso a sus planes divinos.

¿Quieres conocer cuál es el plan de Dios para tu vida? En tus manos y a tu vista lo tienes: la palabra de Dios.

Cuando sientas que fuertes vientos te azotan y que el mar embravecido quiere hundir tu barca acude de inmediato a la fuente de la esperanza y de la alegría. La calma retornará y pronto te hallarás en puerto seguro. Confía en Dios y en sus promesas. Su poder es más que suficiente para sacarte de cualquier fosa en la que hayas caído. Confía siempre en él.

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