La palabra de hoy 7 de mayo de 2010


Así mi alma se alegrará en el Señor
y se deleitará en su salvación;
así todo mi ser exclamará:
«¿Quién como tú, Señor?
Tú libras de los poderosos a los pobres;
a los pobres y necesitados libras
de aquellos que los explotan.»

Salmos 35:9-1o

Todos podemos recordar la inmensa alegría y agradecimiento que pudimos sentir cuando nuestro Padre celestial nos sacó de un grave apuro. Pensábamos que todo estaba perdido y luego vimos su gloria y la obra de su mano sobre nuestra vida. Es una alegría diferente a otras alegrías que hemos tenido en nuestra vida. Esta alegría estaba acompañada de una gran paz y sensación de descanso pues todas nuestras preocupaciones habían desaparecido.

En nuestra mente y en nuestro corazón reposan todos esos buenos recuerdos de esas ocasiones donde Dios se ha manifestado con gloria y poder.

Esos recuerdos son otra razón por la cual no debemos desesperar cuando nos encontremos con diversas pruebas en nuestro camino. Dios nos dará una respuesta de salvación en su momento oportuno y posteriormente volveremos a experimentar esa deliciosa paz y gozo que nos deja el saber que estamos bien protegidos y resguardados por el amor de Dios. Cuando llegue la prueba sonríe pues la respuesta ya viene en camino. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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