La palabra de hoy 30 de mayo de 2010


Alábenlo con címbalos sonoros,
alábenlo con címbalos resonantes.
¡Que todo lo que respira alabe al Señor!
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Salmos 150:5-6

Toda la creación interpreta una obra musical de enormes dimensiones para la alabanza de Dios. El agradecimiento a Dios por su santidad, su grandeza y sus obras son el leit motiv de esta composición. Su bondad y su amor incondicional son el tema principal. Todos participan con diferentes instrumentos pero todos están bien acoplados y la armonía resultante no tiene comparación. En esa interpretación musical debemos participar todos aunque a veces nos sintamos sin ganas de tocar nuestro instrumento. Y no queremos tocar nuestro instrumento porque nos invaden la angustia y la desesperación.

La angustia y la preocupación son respuestas naturales de nuestro organismo para tratar de enfrentar una situación problemática pero no son la solución.

De nada nos vale preocuparnos y desesperanzarnos porque él único que tiene la respuesta adecuada a nuestra situación es Dios. Si en vez de estarnos preocupando por todo lo que nos ocurre nos dedicamos a alabar a Dios estaremos aprovechando mejor nuestro tiempo. Dios se encargará de que nada disturbe ese flujo de alabanza. Alaba a Dios pues hay muchas razones por las cuales hacerlo. ¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

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