La palabra de hoy 24 de junio de 2010


Con todo el corazón clamo a ti, Señor;
respóndeme, y obedeceré tus decretos.
A ti clamo: «¡Sálvame!»
Quiero cumplir tus estatutos.
Salmos 119:145-146

Cuando nos encontramos expuestos a un grave peligro nuestro corazón no se pone límites para prometer a Dios las cosas que haremos para agradecerle a él por su salvación. Decimos «Ahora sí asistiré regularmente a la iglesia, ahora sí diezmaré sin falta, ahora sí leeré la palabra de Dios todos los días, ahora sí tendré una vida devocional ordenada, etc.» Da la impresión que fuimos creados para hacer promesas. Más bien parece que fuimos creados para incumplirlas. Nos comportamos exactamente igual que ese personaje de la parábola de los dos hijos, el cual cuando su padre le pidió que fuese a trabajar ese día en el viñedo le contestó “Sí, señor” pero no fue.

¿Te encuentras ahora en una situación similar? ¿Has prometido algo a Dios que luego te has olvidado de cumplir?

Aunque ésto es algo que ocurre muy a menudo, no significa que sea algo aceptable para Dios. Todo lo contrario. Dios lo toma como una afrenta. Analicemos nuestras acciones y veamos cuánto de ésto hay en nuestras vidas y acudamos prontamente a Dios para solicitar su perdón. Su gracia y misericordia te permitirán recibir el perdón que necesitas para seguir adelante en los caminos que él te ha trazado. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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