La palabra de hoy 12 de julio de 2010


Ellos vuelven por la noche,
gruñendo como perros
y acechando alrededor de la ciudad.
Echan espuma por la boca,
lanzan espadas por sus fauces,
y dicen: «¿Quién va a oírnos?»
Salmos 59:6-7

Nuestros enemigos no escatiman nungún tipo de esfuerzo para atacarnos y amedrentarnos de la manera más efectiva e impactante posible. Ellos acuden a la violencia en todas sus formas, física o verbal, para infundir terror y desesperanza en nuestra vida. Sus tácticas siempre son sumamente cuestionables pero a ellos poco les importa pues no sienten el más mínimo respeto por la ley o la justicia. ¿Los has visto actuar de esa manera? ¿Están rodeándote en este preciso momento?

Lo primero que debemos recordar cuando enfrentamos una situación como ésta es que Dios está a nuestro lado y por lo tanto ellos no pueden acercarse a hacernos daño. Cuando a David le tocó enfrentarse a un ataque como el descrito en el pasaje de hoy dijo: «A ti, fortaleza mía, vuelvo los ojos, pues tú, oh Dios, eres mi protector.»

Vuelve tu mirada a Dios. Pronto notarás que el aullido de tus enemigos se va acallando hasta desaparecer por completo. Eso significa que la paz de Dios te ha envuelto y que sólo importa que ahora estás en la presencia de Dios. Él es tu protector. Él es tu fortaleza. Nada ni nadie podrá imponerse sobre ti porque él es el Dios que te ama.

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