La palabra de hoy 31 de agosto de 2010


Hablaré de tus estatutos a los reyes
y no seré avergonzado,
pues amo tus mandamientos,
y en ellos me regocijo.
Salmos 119:46-47

El mensaje de las buenas noticias de la salvación va dirigido a todas las personas de todas las clases y de todos los medios de vida. No obstante, es posible que las personas  no sean alcanzadas porque se mueven en un ambiente donde poco se habla de la palabra de Dios y aún si se habla, tiene poco impacto pues hay escaso interés de parte de los oyentes. Estas son personas que han sido atraídas y atrapadas por las trampas que ofrece el mundo para separarnos de Dios. El mundo—que es nuestro más inmediato enemigo, aunque muchos no lo saben—tiene tres poderosas armas para seducir a quienes anden incautos e ignorantes de su presencia. Estas armas son la fama, el dinero o las riquezas y el poder. Ellas son lanzadas de manera certera dirigidas al cuerpo y al alma para controlar a la humanidad. Ellas se ayudan entre sí y una lleva a las otras. Por ejemplo, quién tiene mucho dinero puede llegar a tener mucho poder o mucha fama o las tres. El mundo se encarga hábilmente de que consideremos cualquiera de esas tres armas como necesarias e indispensables para nuestro éxito y si observamos a nuestro alrededor veremos numerosos ejemplos de personas que han dedicado toda su vida y esfuerzo por alcanzar y “disfrutar” por lo menos una de estas tres poderosas trampas. La semilla de las buenas noticias de la salvación tiene menos probabilidades de germinar y crecer en los corazones de quienes han caído en cualquiera de estas redes.

Cuando revisas tu vida ¿Encuentras que le estás dedicando demasiado tiempo a las actividades que conllevan a alcanzar alguna de estas tres trampas? ¿Es tu meta más ansiada el alcanzar alguno de estos tres populares propósitos de vida?

Cualquiera que sea tu respuesta recuerda que toda actividad relacionada con la persecución de alguno de estos tres propósitos te desviará del camino recto que Dios ha establecido para ti. Esto no quiere decir que un cristiano no puede ser rico, famoso o poderoso; pero quien haya recibido alguna de estas posiciones deberá ejercer todo la mesura, prudencia, cuidado y atención que pueda para no dejarse arrastrar y seducir por los cantos de estas tres atractivas sirenas. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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