La palabra de hoy 4 de septiembre de 2010


Los preceptos del Señor son rectos:
traen alegría al corazón.
El mandamiento del Señor es claro:
da luz a los ojos.
Salmos 19:8

A todo el mundo le agrada y por lo general todos desean participar en un deporte o en un juego de mesa donde las reglas sean claras y hayan sido establecidas y entendidas antes de comenzar el partido. Cualquier cambio de reglas en medio del partido—a menos que todas las partes así lo acuerden—producirá el abandono  y la subsecuente protesta formal de cualquiera de las partes que se sienta afectada. Cuando seguimos al pie de la letra las instrucciones y reglas del juego entonces nos ufanamos de  jugar limpio y criticamos fuertemente a quien no se comporte de esta manera. Paradójicamente, esta generalizada y provechosa actitud no la aplicamos a nuestra vida espiritual. Frente a los rectos preceptos y a los claros mandamientos de Dios asumimos variadas posiciones que dejan mucho que desear. Cuando no los ignoramos de frente, racionalizamos su procedencia o conveniencia  y muy selectivamente los echamos al olvido. Por lo general y muy caprichosamente nos hacemos el sueco—con el perdón de los naturales del hermoso país escandinavo—frente a los requerimientos de la ley de Dios sin darnos cuenta de que su correcto seguimiento por parte nuestra produce agrado no solamente para Dios sino también para nosotros.

Ahora bien, el seguimiento de la ley divina por sí mismo, aparte de la fe, no nos garantiza nada por lo que tenemos que entender que las obras de justicia son sólo el natural resultado de una fe viva y eficaz. Ambas deben estar presentes pero una como resultado de la otra.

Analicemos pues, en nuestra vida que cosas estamos haciendo en contraposición a la ley de Dios. Esas acciones son producto de fallas en la fe y debemos arrepentirnos y apoyarnos en nuestro Señor Jesucristo para que su Espíritu Santo nos transforme, nos aumente la fe y nos haga las personas que Dios quiere tener a su lado. Miremos el cumplimiento de la ley de Dios no como una pesada carga—que lo sería, aparte de la fe— sino como el fruto de una vigorosa fe en el poder y el amor de Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en La Palabra de Hoy, Salmos y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s