La palabra de hoy 8 de septiembre de 2010


Más vale lo poco de un justo
que lo mucho de innumerables malvados;
porque el brazo de los impíos será quebrado,
pero el Señor sostendrá a los justos.
Salmos 37:16-17

Una de las más conocidas y efectivas armas de nuestro enemigo el mundo—y cuando hablamos del mundo no nos referimos a la creación visible que nos rodea sino al sistema de métodos, principios, anti-principios, valores y anti-valores que le da fundamento y forma a nuestra post-moderna manera de vivir—es el dinero. Aunque el dinero en sí mismo no es ni bueno ni malo, el grado en que nos dejemos influir por el deseo de acumularlo puede tener un efecto negativo muy poderoso y devastador en nuestras vidas. Constantemente estamos siendo bombardeados con mensajes de líderes religiosos que nos dicen que si no andamos en prosperidad es porque estamos en pecado o porque no declaramos dicha prosperidad sobre nuestras vidas. En el otro extremo tenemos el inconsciente colectivo hispano-católico que nos dice que mientras más pobres seamos, más santos seremos. La realidad es que Dios le da a cada quien según sus capacidades. La idea no es que el dinero nos maneje a nosotros sino que nosotros manejemos el dinero. Y aunque la palabra de Dios está llena de exhortaciones sobre como ser buenos mayordomos y como administrar correctamente los bienes que Dios nos ha encomendado, la triste realidad es que cada día hay más personas que fracasan estrepitosamente con el manejo de sus finanzas.

¿Estás navegando las turbulentas aguas de una tormenta financiera? ¿Piensas que tu endeble bote hará agua y se hundirá si Dios no acude en tu ayuda? ¿Tu bienestar depende exclusivamente del saldo o balance de tu cuenta bancaria?

Nunca pongamos los ojos en las riquezas sino en el dador de ellas. Él quiere que aprendamos a vivir con lo que él nos ha dado; que podamos decir como el apóstol Pablo “Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez.” ¡Sólo Dios puede darnos la paz y el gozo que necesitamos para vivir una vida feliz! ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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