La palabra de hoy 12 de septiembre de 2010


Pero no los mates,
para que mi pueblo no lo olvide.
Zarandéalos con tu poder; ¡humíllalos!
¡Tú, Señor, eres nuestro escudo!
Salmos 59:11

Cuando estamos bajo intenso asedio y presión por parte de nuestros enemigos es natural que en nuestro llamado de ayuda a Dios incluyamos algunas sugerencias acerca de cómo debe él manejar el asunto. Por supuesto que nuestro Padre celestial no necesita que nosotros le indiquemos la manera cómo debe actuar para rescatarnos de nuestros adversarios. En todo caso no está de más que nosotros manifestemos lo que hay en nuestro corazón pues ésto forma parte del clamor que debemos elevar a Dios cuando nos encontramos en dificultades. Dios sabe que muchas veces quisiéramos tomarnos la justicia por nuestra propia mano pero el simple hecho de que estemos acudiendo a él significa que cualquiera sea su respuesta la aceptaremos como buena.

El salmista David entendía muy bien cómo funciona este asunto y nunca se puso límites para expresar en sus salmos que clase de fin quería ver en sus adversarios.

No te limites pues a expresar claramente y sin tapujos lo que ya sabes le pasará a quienes hoy te adversan. Como hijo de Dios que eres sabes que Dios acudirá presto a tu llamado para liberarte de cualquier clase de opresión que te esté afligiendo. Descansa en él pues su protección y su cuidado no tienen comparación. Él es tu escudo y tu salvación. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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