La palabra de hoy 5 de octubre de 2010


Eleven, puertas, sus dinteles;
levántense, puertas antiguas,
que va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es este Rey de la gloria?
Es el Señor Todopoderoso;
¡él es el Rey de la gloria!
Selah
Salmos 24:9-10

La imagen de una puerta trae a nuestro pensamiento connotaciones de expectativa por la llegada de alguien muy importante que pronto llamará a dicha puerta y nosotros saldremos apresurados a abrirle para que él pueda entrar. El Señor Jesucristo nos dejó una importante enseñanza al respecto que bien deberíamos poner en práctica. Cuando el Señor les estaba anunciando a los discípulos acerca del fin del mundo y los tiempos les advirtió que debían estar alerta y vigilantes por su retorno ya que nadie sabía ni el día ni la hora de este importante evento. La incertidumbre del tiempo en que esto va a ocurrir es lo que nos motiva a estar pendientes y despiertos en todo momento, a la expectativa de tan ansiado regreso. Primero porque su presencia será la condición para sentirnos totalmente seguros y amados y en segundo lugar porque no queremos que cuando él regrese nos consiga con que hemos estado irresponsablemente descuidando las tareas y asignaciones que nos dejó encomendadas para que estuviésemos ocupados en ellas durante su ausencia.

¿Estás despierto, alerta y pendiente del retorno de nuestro Señor? Cierto, nadie sabe ni el día ni la hora y ejercicio fútil se ha convertido el tratar de averiguarlo mediante rebuscados y fantasiosos cálculos que sólo dejan en ridículo a quienes se enfrascan en ellos.

Estemos, pues, pendientes de que muy pronto ésto va a ocurrir pues las señales del fin de los tiempos aparecen cada día que pasa con más frecuencia, claridad e intensidad. Hagamos cada quien la labor que nos fue encomendada y mantengámonos a la dulce expectativa de su ansiado retorno. En ese espectacular momento las puertas elevarán sus dinteles y las antiguas puertas hoy destruidas se levantarán para dar paso al Rey de reyes y Señor de Señores, Jesucristo el Salvador Allí nuestra vigilia y atención serán bien recompensadas por nuestro amado Maestro. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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