La palabra de hoy 11 de octubre de 2010


Contra ti he pecado, sólo contra ti,
y he hecho lo que es malo ante tus ojos;
por eso, tu sentencia es justa,
y tu juicio, irreprochable.
Salmos 51:4

Dios ha dado a todo ser humano, independientemente de su entorno social, histórico, geográfico, religioso o económico, una conciencia que le permite darse cuenta, aún sin conocer la ley de Dios, si lo que hace o deja de hacer es un pecado. La palabra griega utilizada en el Nuevo Testamento para referirse al pecado es un término que literalmente significa “no dar en el blanco”, es decir, apuntarle a algo y fallar el tiro. Originalmente el ser humano era perfecto pero una vez que por medio de las artimañas de Satanás y la desobediencia de Adán y Eva el pecado entró al mundo todos sin excepción traemos un defecto de fábrica que nos impide dar en el blanco todas las veces que disparamos. En términos generales, las buenas personas son aquellas que aunque conocen poseer este defecto de fábrica, ponen su empeño en darle al blanco o por lo menos llegarle lo más cerca posible de él. Las malas personas por su parte, saben también que traen un defecto de fábrica pero poco les importa el hecho de que sus disparos den o no en el blanco.

Hay muchas maneras de errar el blanco y estoy seguro de que todos nos podemos dar cuenta de las áreas de nuestra vida donde estamos fallando el tiro. La única manera de poder mejorar nuestra puntería es tener a nuestro lado a un experto campeón de tiro al blanco que nos ayude con su sabia dirección y su sereno pulso a sostener firmemente el arma y a apuntar con precisión al blanco que tenemos por delante. No apoyarnos en las destrezas de este experto campeón significa que las posibilidades de acertar el centro de la diana se verán significativamente reducidas y que el resultado no será otro que el fracaso.

¿Quieres convertirte en un campeón olímpico de tiro? Busca a Jesucristo. Él es el único que nunca ha fallado un tiro y el único que te puede ayudar a mejorar tu puntería. Confía en él y serás todo un campeón. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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