La palabra de hoy 26 de octubre de 2010


Dice el perezoso: «Hay una fiera en el camino.
¡Por las calles un león anda suelto!»
Proverbios 26:13

De acuerdo con la manera como la gente actúa con relación a sus compromisos, problemas  y obligaciones las personas pueden clasificarse en cuatro tipos: Los que actúan apresuradamente sin pensar mucho en el asunto; los que actúan luego de haber razonado bien las diferentes opciones a su disposición y haber escogido la más conveniente; los que dejan todo para última hora y los que simplemente nunca hacen nada por desidia o flojera. Aunque puedan existir casos extremos, nadie nunca pertenece exclusivamente a alguno de estas categorías sino que exhibe una mezcla de dos o más de ellos y se comporta de una manera u otra de acuerdo con el ánimo o las circunstancias. Evidentemente, la actuación de las personas que pertenecen a la segunda categoría es la más sana y conveniente. Los comportamientos correspondientes a la primera y la tercera clasificación traen muchos problemas a quienes así actúan.

Los peores resultados se pueden ver cuando las personas actúan de acuerdo con la cuarta manera de comportarse  frente a las obligaciones pues los asuntos pendientes terminan acumulándose y generando mayores problemas. Esta última actitud si bien es la que produce consecuencias más graves ha sido fuente y objeto de humor y chistes por lo absurdo y alta prevalencia. Siempre recuerdo con mucha alegría el famoso personaje Celio del genial humorista colombiano y también Pastor de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral José Ordóñez. Celio es el epítome de la flojera. todos tenemos mucho de Celio y por eso nos parece gracioso su comportamiento.

Y tantas veces que nos preguntamos por qué Dios permite que nos ocurran tantas cosas y estemos sometidos constantemente a pruebas. Dios quiere perfeccionarnos y nuestra naturaleza rebelde y desobediente se resiste a cambiar para bien. El primer paso que debemos dar es reconocer nuestras fallas y debilidades para llevarlas al trono de gracia de  Dios. El tiene un plan perfecto para tratar esa procrastinación y desidia que está tan arraigada en nuestra vida. No dejemos estas cosas para después. Después puede ser muy tarde. No seamos como Celio ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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