La palabra de hoy 16 de noviembre de 2010


Dios es conocido en Judá;
su nombre es exaltado en Israel.
En Salén se halla su santuario;
en Sión está su morada.
Allí hizo pedazos las centelleantes saetas,
los escudos, las espadas, las armas de guerra. Selah
Salmos 76:1-3

A todos nos gusta pensar que somos libres para decidir en quién podemos creer o que vamos a hacer. A todos nos gusta pensar que podemos ejercer la libre voluntad que Dios ha dado a todos los seres humanos. Y en parte, ésto es verdad. Tenemos una libre voluntad mediante la cual escogemos y decidimos cómo nos vamos a comportar y qué plan de acción vamos a seguir. No obstante, por otro lado se nos presenta la antítesis de la predestinación mediante la cual se explica que nuestro destino está decidido de antemano y no importa lo que hagamos siempre terminaremos en el mismo lugar donde estábamos destinados a estar desde el principio. El debate entre estos dos contradictorios esquemas de la manera en cómo se define el destino del hombre ha ocupado largas horas de reflexión y debate entre numerosos filósofos y teólogos sin que hasta la fecha se haya podido llegar a una explicación satisfactoria para ambas partes. Para completar el misterio, la palabra de Dios soporta ambas posiciones y no podríamos  concluir honestamente que una posición es más acertada que la otra con base en las sagradas escrituras.

De la lectura de hoy podríamos preguntarnos ¿Fue Israel quien escogió a Dios o fue Dios quien escogió a Israel? ¿Fuimos nosotros quienes cual ramas de olivo silvestre nos injertamos en el olivo cultivado o fue Dios quien desgajó algunas ramas del olivo cultivado para que hubiera lugar donde nosotros, ramas silvestres, pudiésemos ser injertados?

Independientemente de la manera como entiendas que se define tu destino, puedes darle gracias a Dios que ahora eres su hijo y que te encuentras transitando sus caminos. Como hijo de Dios eres alguien supremamente privilegiado y sólo pudiste llegar a esa posición por la gracia de Dios. Sea que lo hayas decidido tú o que estaba planteado desde el principio de los tiempos o las dos cosas actuando en paralelo ahora eres salvo por la obra de Jesucristo si es que lo has recibido en tu corazón como Señor y Salvador de tu vida. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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