La palabra de hoy 18 de noviembre de 2010


De ti, ciudad de Dios,
se dicen cosas gloriosas: Selah
«Entre los que me reconocen
puedo contar a Rahab y a Babilonia,
a Filistea y a Tiro, lo mismo que a Cus.
Salmos 87:3-4a

Grandes ciudades famosas han existido a través de la historia. El ejemplo más reciente es la cosmopolita ciudad de Nueva York en los Estados Unidos de Norteamérica. Antes lo fue Paris, la capital de Francia, también conocida como la ciudad luz. Roma, la vetusta capital de lo que fue el imperio romano todavía es considerada por algunos como la ciudad eterna. Atenas y Alejandría ocuparon lugares de prominencia por sus relación con las artes y el conocimiento. En la antigüedad brillaron Babilonia y Nínive en las fértiles tierras de la Mesopotamia. En el lejano oriente hoy destacan Tokio, Seúl, Shangai y Hong Kong por su grandes extensiones, numerosa población y abundantes riquezas. En Latinoamérica cabe mencionar a Ciudad de México y a Bogotá también conocida como la “Atenas de Suramérica”. Y así han habido grandes urbes que se han convertido en un momento u otro en el foco de la atención de grandes extensiones a su alrededor.

No obstante, con todas sus riquezas, poder, fama, esplendor, extensión y población ninguna de estas ciudades puede competir en preponderancia con la antigua y siempre vigente capital del Estado de Israel, Jerusalén. Establecida como sede del reino unido de Israel por el rey David hace aproximadamente 3000 años, Jerusalén se ha visto envuelta en más conflictos y destrucciones que ninguna otra ciudad de la tierra. Y aún en la eternidad seguirá siendo la sede del trono del Rey de reyes y Señor de señores quien entregó su vida por todos nosotros en ese preciso lugar y quien venció a la muerte también allí al resucitar con gloria al tercer día de haber vencido al pecado con su muerte.

La Jerusalén que descenderá del cielo para establecerse como la morada de Dios entre los hombres forma hoy parte de nuestra esperanza y visión para la eternidad. ¿Es ella también parte de tu esperanza? ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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