La palabra de hoy 22 de noviembre de 2010


En el campamento tuvieron envidia de Moisés
y de Aarón, el que estaba consagrado al Señor.
Se abrió la tierra y se tragó a Datán;
sepultó a los seguidores de Abirán.
Un fuego devoró a esa pandilla;
las llamas consumieron a los impíos.
Salmos 106:16-18

El liderazgo de Moisés fue uno de los liderazgos más cuestionados por las personas que habían sido colocadas por Dios bajo su autoridad. Sus propios hermano y hermana, Aarón y Miriam, murmuraron a sus espaldas cuando Moisés se casó con una egipcia, quien debía ser creyente en el Señor Todopoderoso, de otra manera no se entiende que hacía ella allí en medio del desierto con el pueblo de Israel. El atrevimiento de Miriam fue sancionado por Dios con una enfermedad de la piel que de no ser sanada por la intercesión de Moisés la hubiera relegado a una total segregación del pueblo. Posteriormente, todo el pueblo se rebeló contra Moisés para escoger un cabecilla que los llevara de regreso a Egipto. Este atrevimiento trajo como consecuencia que ninguno de ellos pudo ver con sus propios ojos la tierra que Dios había prometido darles a los israelitas, con la excepción de Josué y Caleb.

Adicionalmente, Coré, Datán y Abirán cuestionaron el liderazgo de Moisés y Aarón e intentaron darles un golpe de estado para quedarse ellos con el oficio sacerdotal que Dios nunca estableció para ellos sino que correspondía exclusivamente a Aarón y a sus hijos. Estos tres rebeldes junto con sus familias fueron tragados por la tierra como demostración de lo que le ocurre a quien cuestiona el liderazgo por Dios impuesto. El pueblo de Israel volvió a amotinarse acusando a Moisés y a Aarón de haberle quitado la vida a los tres insurrectos y a sus esposas e hijos. El Señor Todopoderoso envió sobre los rebeldes una mortandad que terminó con la vida de catorce mil seiscientas personas. De no haber sido por la intercesión que Aarón hizo por el rebelde pueblo, hubiesen sido más los fallecidos.

Dios ha establecido líderes espirituales que tienen la gran responsabilidad de dirigirnos, enseñarnos, alimentarnos y orientarnos para que podamos crecer espiritualmente con la ayuda de la palabra de Dios. Cuestionar, murmurar, protestar y en general rebelarse contra quienes tienen estas importantes responsabilidades sólo puede traernos graves consecuencias porque estaríamos desobedeciendo los estatutos de Dios. La rebelión contra estos líderes espirituales es rebelión contra Dios mismo puesto que él los colocó en ese lugar con un especial propósito. Nunca te opongas a los líderes que demuestren una intachable conducta y tengan limpias credenciales de moral. Te estarás rebelando contra Dios mismo y todos sabemos cuales son las consecuencias de este mal proceder. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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