La palabra de hoy 25 de diciembre de 2010


 

Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales.
1 Corintios 15:19

Hay quienes piensan que cuando morimos la vida deja de existir por completo tanto en lo físico como en lo espiritual. El desconocimiento de lo que no pueden ver los lleva a pensar que después de esta vida ya no hay más nada que hacer. Algunos piensan que al morir nuestro ser se une a una entidad universal que agrupa a todas las cosas pero perdiendo nuestra identidad como seres personales, lo cual, a fin de cuentas, es lo mismo puesto que se deja de pensar y actuar con criterio propio. Otros creen que simplemente dejamos de existir y no pasa más nada; es el fin de todo en lo que respecta a nuestro ser. Para quienes piensan así, estas creencias moldean su manera de pensar y tienen un peso significativo al momento de tomar decisiones desde el punto de vista ético y moral. El “lado oscuro” del existencialismo llevó esta posición hasta el extremo de proponer que no existe ni el bien ni el mal.  Si la posición de esta personas fuera la correcta y verdadera, ciertamente que la esperanza de los hijos de Dios estaría basada en algo falso y seríamos unos ilusos por creer en alguien que no existe ni puede salvar ni puede darnos vida eterna. Como lo indica el apóstol Pablo, “seríamos los más desdichados de todos los mortales.”

Pero gloria sea a Dios que Jesucristo venció a la muerte y al pecado y él tiene el poder y la autoridad para levantarnos de entre los muertos cuando llegue el momento, es decir, cuando él vuelva. Nuestra esperanza está bien fundamentada y nos dará la fortaleza para seguir avanzando en los caminos que Dios ha preparado para nosotros hasta que llegue el momento en que “lo corruptible se revista de lo incorruptible y lo mortal, de inmortalidad…” Nuestra esperanza es inconmovible y nos guiará hasta el momento en que la muerte sea devorada por la victoria. ¡Cristo es nuestra esperanza! ¡Sólo a Dios sea la gloria por los siglos de los siglos, Amén!

Feliz Navidad.

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