La palabra de hoy 26 de diciembre de 2010


No respondas al necio según su necedad,
o tú mismo pasarás por necio.
Respóndele al necio como se merece,
para que no se tenga por sabio.
Proverbios 26:4-5

Uno de los pasatiempos preferidos de nuestro adversario principal es buscar camorra. Si hay algo que él no acepta es que los hijos de Dios podamos vivir en paz y tranquilidad; de ahí que constantemente esté buscando maneras de alterar nuestra estabilidad para que caigamos en la discusión y el pleito. Su herramienta favorita en estos casos es la provocación. Como él sabe que en virtud de nuestra naturaleza regenerada por el poder del Espíritu Santo la gran mayoría de las veces estamos buscando lo justo y lo recto, nuestro enemigo interpondrá necios argumentos en contra de la verdad y la bondad para sacarnos de nuestras casillas. Para lograr esto no le es necesario ir muy lejos pues el mundo está lleno de personas que se dejan utilizar por él para estos efectos ya que una de las características principales de la naturaleza pecaminosa es la necedad. El necio no quiere conocer la verdad, sólo quiere imponer su desvirtuada manera de ver las cosas. El necio no busca ganar una discusión, sólo quiere causar una reacción negativa de nuestra parte. Su meta es perturbar tanto como sea posible y ésto sólo lo logra cuando consigue que caigamos en el terreno de la necia discusión.

¿Has tenido que enfrentar recientemente a un necio? ¿Te has dejado convencer por sus artimañas y has caído en el terreno de la vana discusión?

La solución es muy sencilla. Ante un mensaje de provocación del adversario nuestra respuesta debe ser la verdad. En la oración que el Señor Jesús elevó al Padre para concluir la última cena con sus discípulos dijo: «Santíficalos en la verdad; tu palabra es la verdad.» La respuesta al adversario debe ser entonces una cita—aunque no sea literal pero sí correcta—de la palabra de Dios. Ésto debe cerrar la discusión y si el necio insiste pues simplemente debemos ignorarlo. Nada ganamos con enfrascarnos en una polémica cuyo único objetivo por parte de nuestro opositor es trastornar nuestra paz. ¡Sólo a Dios sea la gloria! 

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