La palabra de hoy 27 de diciembre de 2010


Cruel es la furia, y arrolladora la ira,
pero ¿quién puede enfrentarse a la envidia?
Proverbios 27:4

Los instintos y las emociones o pasiones son poderosas fuerzas que forman parte integral de nuestra naturaleza. No existe una sola persona en este mundo que pueda decir que no sabe lo que son las emociones y los instintos. Los animales poseen instintos y sería difícil refutar que son capaces de exhibir ciertas emociones. Algunas emociones como el amor y la felicidad son muy positivas mientras que otras emociones—la mayoría de ellas—son sumamente negativas para nuestro bienestar, especialmente cuando no son controladas por nuestra voluntad y se desbordan, tomando ellas el control de nuestro ser. La envidia es una emoción muy negativa que tiene unas consecuencias tan perjudiciales que algunos la han catalogado como un pecado capital, aunque sabemos que delante de Dios todo pecado es igual de reprobable y aborrecible. Envidia sintió Caín cuando vio que Dios prefería las ofrendas de Abel sobre las de él y le quitó la vida. La envidia llevó al rey Saúl a intentar quitarle la vida a David quien había sido elegido por Dios para gobernar el reino después de él. Envidia sintieron los hermanos de José cuando vieron el favoritismo con que Jacob lo trataba y esta envidia los llevó a vender a José como esclavo y a mentir a su padre.  Envidia sintieron los líderes judíos cuando el Señor Jesús predicaba en el templo de Jerusalén y las multitudes lo seguían y por esto deseaban quitarle la vida. Era una envidia tan obvia que hasta Pilatos se dio cuenta de ello. El envidioso es una persona realmente peligrosa que se deja arrastrar por  sus pasiones y es capaz de cualquier cosa con tal de alcanzar sus perjudiciales objetivos.

¿Sientes envidia en tu corazón por algo o alguien? ¿No la puedes controlar y te está corroyendo las entrañas? Es natural que sientas envidia, lo que no es aceptable es que la envidia te domine.

Recuerda que la envidia es una de las obras de la naturaleza pecaminosa y que quienes practican  esas obras no heredarán el reino de Dios. Sólo el poder transformador de la presencia de Dios en tu vida puede darte la fortaleza para controlar y vencer tan nefasta emoción. Refúgiate en Jesucristo y obtendrás la victoria sobre las emociones. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en La Palabra de Hoy, Proverbios y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s