La palabra de hoy 31 de diciembre de 2010


Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.
2 Pedro 3:8-9

Según el sabio rey Salomón “Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.” La creación de Dios incluye la dimensión del tiempo y Dios le dio al hombre la capacidad para discernir el paso del tiempo y su propia mortalidad o transitoriedad. Si bien desde hace mucho tiempo se han establecido maneras de medir el transcurso del tiempo—principalmente en función de los movimientos relativos de la tierra, la luna y el sol—el concepto y el sentido de esta dimensión sigue siendo algo difícil de definir y de precisar sin la ayuda de convenciones y metodologías externas a la mente y la conciencia. Es por esto que a veces nos parece que el tiempo transcurre muy rápidamente y en otras el tiempo se mueve con desesperante lentitud. Incluso, un genio judío de la talla de Albert Einstein se dio a la tarea de determinar unas fórmulas que explicaran el asunto y nos dejó su famosa Teoría de la Relatividad. Muchas veces esta aparente lentitud ocurre especialmente cuando aguardamos con ansias el cumplimiento de las promesas de Dios. Siempre nos parece que Dios se ha olvidado de nosotros y que nunca lograremos ver sus promesas realizadas. Debemos recordar que Dios existe fuera de las ataduras de la creación tales como el tiempo y el espacio. Él no está sujeto por, ni limitado a, las condiciones y restricciones que el tiempo impone a todo lo que forma parte del universo.

Aceptemos pues nuestras limitaciones para conocer y comprender de la naturaleza del tiempo y recordemos que lo importante no es cuánto se “tarda” Dios en cumplir sus pactos sino que, indefectiblemente, lo que Dios ha prometido se cumplirá sin falta.  Podemos estar seguros de que el día del Señor vendrá y de que cada día que pasa estamos más cerca del cumplimiento de su promesa. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

¡Feliz Año 2011!

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