La palabra de hoy 14 de enero de 2011


Los insultos me han destrozado el corazón;
para mí ya no hay remedio.
Busqué compasión, y no la hubo;
busqué consuelo, y no lo hallé.
Salmos 69:20

¿Podemos imaginarnos cuán difícil sería para alguien que nunca tuvo limitaciones de ningún tipo verse sometido a los peores tratos de la gente y a la peor situación que se puede atravesar? Todos hemos sido en menor o mayor grado víctima de los insultos, algunas veces inmerecidos, otras con sobrada razón. Los insultos son palabras hirientes destinadas a causar profundo dolor en la dignidad y la autoestima de quienes son sus víctimas. El escarnio es la expresión verbal del odio que sale del corazón corrompido. «De la abundancia del corazón habla la boca» nos dejó dicho el Señor Jesús. El agravio sólo puede provenir de un corazón lleno de odio y maldad. Por cierto, aquellas personas que piensan que no tienen nada que confesar a Dios pues no han cometido ninguna falta, deben revisarse para ver si nunca  han insultado a alguien.

El Señor Jesús, quien dejo la gloria de los cielos junto a su Padre para venir a rescatar lo que se había perdido, tuvo que soportar todo el odio, el rechazo, el desprecio y el agravio de su pueblo, precisamente aquellos a quienes había venido a salvar. El Santo y Justo fue rechazado e injuriado. Hoy en día son muchos también quienes rechazan, desprecian, odian e insultan al Señor Jesús sin otro motivo que descargar la basura que está acumulada en sus corazones. Si no lo hacen directamente, lo hacen por medio de quienes siguen a Jesús. Él nos dijo «el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí.»

Refrena pues tu lengua cuando de tu corazón quiera salir un insulto hacia tu semejante y cuando seas sometido al agravio—y ojalá sea por una justa causa─recuerda que nuestro Salvador recibió el rechazo de la caída humanidad para que se diera total cumplimiento a la ley de Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a La palabra de hoy 14 de enero de 2011

  1. alvaro dijo:

    que reflexión tan corta pero muy profunda; debemos analizar nuestras corazones, y si en verdad no guarda una especie de rencor u odio hacia nuestros semejantes, gloria a dios, ya que muchas veces permitimos la contaminación en nuestros corazones por cosas que no beberíamos y si nuestro caso es ese, frenar todo pensamiento de destruccion y autodestrucción.

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