La palabra de hoy 22 de enero de 2011


Se olvidaron del Dios que los salvó
y que había hecho grandes cosas en Egipto:
milagros en la tierra de Cam
y portentos junto al Mar Rojo.
Salmos 106:21-22

A veces nos horrorizamos de la ignorancia y poca fe con que actuó el pueblo de Israel cuando fue liberado de la larga esclavitud a la cual había sido sometido en Egipto. Siglos de servidumbre habían desgastado la esperanza del pueblo y para recuperarla Dios necesitó hacer grandes cosas, milagros y portentos para captar la atención y la confianza de la abusada nación. A pesar de ello,  las doce tribus regresaron a su acostumbrado paganismo sin pesar las graves consecuencias que su infidelidad e ingratitud acarrearían sobre sus cabezas y las de sus familias. Pensaron que las bendiciones que les aguardaban en la tierra prometida valían menos que las maldición de la opresión egipcia. Ninguno de ellos─con las dos extraordinarias excepciones de Josué y Caleb─lograron colocar la planta de sus pies en la tierra que fluye leche y miel que les aguardaba como recompensa al final de su periplo por el desierto.

En realidad, muchas veces actuamos muy parecido a ellos y sería una inmensa desfachatez creer que hacemos las cosas mejor. Aquí resuenan las palabras del Salvador Jesús cuando nos amonestó diciendo «¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?» Dios ha hecho también grandes portentos y cosas maravillosas en nuestra vida. Su mano salvadora nos ha sacado de numerosos aprietos y situaciones en las cuales estuvimos incluso a punto de perder hasta la vida. Al igual que el recién liberado pueblo hebreo, nos olvidamos de todas esas maravillas y ponemos nuestra mirada y esperanza donde no debemos ponerla, es decir, en personas, instituciones u objetos. Revisemos la enorme viga que tenemos en nuestro ojo y aprendamos de los errores cometidos por el pueblo de Israel y por nosotros mismos para regresar de inmediato al sendero de justicia y fe por el cual nuestro amoroso Padre quiere que andemos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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