La palabra de hoy 24 de enero de 2011


Todas las naciones me rodearon,
pero en el nombre del Señor las aniquilé.
Me rodearon por completo,
pero en el nombre del Señor las aniquilé.
Me rodearon como avispas,
pero se consumieron como zarzas en el fuego.
¡En el nombre del Señor las aniquilé!
Salmos 118:10-12

Nuestras vidas se mueven en un permanente campo de batalla. No pasa un día que no tengamos que vernos envueltos en alguna escaramuza con las fuerzas enemigas. Ellos saben cómo está nuestra fortaleza, es decir nuestra relación con Dios; y si se llegan a enterar de que estamos débiles, nos rodean y nos atacan con todo lo que tengan al alcance. A ellos no les importa que su líder ya haya sido vencido; ellos seguirán haciendo daño hasta el último segundo que puedan hacerlo porque esa es su naturaleza, llena de odio y de mal. Nosotros, por el contrario, tenemos que movernos por el terreno de combate fortalecidos con el gran poder de Dios vistiendo la armadura de Dios y, muy especialmente con “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.” No podemos, bajo ningún concepto, salir a luchar con nuestras propias fuerzas, eso sería suicidio. Si, por el contrario, salimos revestidos del gran poder de Dios, no habrá fortaleza ni muro que nos pueda detener porque nada puede resistir el poder de la palabra de Dios.

Preparémonos, pues, a empuñar diariamente la espada del Espíritu mediante la lectura de la palabra de Dios y su reflexión de como ella aplica en nuestra vida. Equipados con esta poderosa arma podemos tener la seguridad de que saldremos victoriosos de cualquier emboscada con la que el enemigo pretenda sorprendernos. Finalmente, no menospreciemos el poder de la oración. Una comunicación constante con nuestro líder de campaña nos permitirá saber por dónde vienen los tiros. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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2 respuestas a La palabra de hoy 24 de enero de 2011

  1. Nuestras fortaleza, es decir nuestra relación con Dios; no debe ser débiles, sino por el contrario debe ser muy fuerte, muy fortalecidos con Dios; de no ser así el enemigo nos atacará haciendonos daño. Por lo que debemos estar preparados en el terreno de combate vistiendo la armadura de Dios, que es “la espada del Espíritu, LA BIBLIA, la palabra de Dios.” ; y luchar revestidos del gran poder de Dios, y no con nuestras fuerzas para ser vencedores siempre saldremos victoriosos .
    El poder de la ORACION, es una comunicacion constante con nuestro señor todopoderoso, quien nos fortalecerá siempre… Gloria a Dios, padre celestial…

  2. Clara Alejandro dijo:

    Muy buen comentario..

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