La palabra de hoy 9 de febrero de 2011


La ignominia no me deja un solo instante;
se me cae la cara de vergüenza
por las burlas de los que me injurian y me ultrajan,
por culpa del enemigo que está presto a la venganza.
Salmos 44:15-16

Que somos seres complejos no lo podemos negar. Desde el punto de vista fisiológico, son más las cosas que aún no entendemos de los procesos que sostienen nuestro cuerpo que las que han precisado los científicos con sus estudios. Desde el punto de vista psicológico, somos todavía más complicados, puesto que la mezcla de influencias ambientales y genéticas nos hace a cada uno de nosotros personalidades únicas e irreproducibles.  Las emociones, de manera particular, juegan un importante papel en la manera como nos comportamos y como nos sentimos. De allí que sea importante que no nos dejemos manejar por nuestras emociones pues corremos el riesgo de exhibir conductas inadecuadas y dañinas. Muchas personas son sumamente sensibles a variaciones bruscas en los estados emocionales y ésto es aprovechado por nuestro enemigo para hacernos caer. La humillación, burla o escarnio es una de las herramientas preferidas por el adversario para manipularnos y causar daño en lo más profundo de nuestro ser. Cuando veas los dardos de fuego de la burla venir sobre ti, ten la seguridad de que Satanás está detrás del asunto para hacerte sufrir.

El impacto de esos dardos escarnecedores sobre nuestra humanidad es permitido por Dios para que aprendamos y sepamos reconocer e identificar a futuro esos ataques despiadados de parte del enemigo. Lamentablemente, nuestra corta y selectiva memoria se encarga de borrar muy  pronto estas desagradables pero valiosas experiencias y cuando los ataques se reanudan, no estamos adecuadamente preparados para defendernos y resistir. Lo que tenemos que tener claro es que Dios no se ha olvidado de nosotros. Todo lo contrario, él nos tiene bajo su amorosa y atenta mirada, presto a intervenir en el momento apropiado para evitar que el enemigo nos tome ventaja. Entendamos, pues, los mecanismos que operan en el mundo espiritual y coloquemos toda nuestra confianza en aquel para quien nada es imposible. Dios nos concederá el poder y la autoridad para presentar un frente de defensa efectivo contra las traicioneras y astutas maniobras del adversario. En Jesucristo tenemos la victoria asegurada. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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