La palabra de hoy 28 de febrero de 2011


El que amasa riquezas mediante la usura
las acumula para el que se compadece de los pobres.
Proverbios 28:8

En alguna parte leí─me perdonan, pero no recuerdo dónde─que las grandes fortunas se adquirían sólo de dos maneras; robando o heredando, y que quienes las heredaban simplemente recibían algo que sus padres o sus abuelos habían robado. Esta observación un tanto cínica tiene algo de cierta y nos muestra una triste realidad. Las personas en su afán por asegurarse un cómodo futuro libre de preocupaciones económicas, son capaces de quebrantar principios morales y hasta las leyes para lograr sus objetivos financieros. Una de las maneras más comunes de hacerlo es mediante la usura. Usurero se considera a aquella persona que cobra elevadas tasas de interés sobre préstamos de dinero, usualmente a personas que por tener escasos recursos son quienes menos pueden pagarlos. También se aplica el término usurero a aquellas personas que inflan desmesuradamente el precio de las mercancías que venden para aprovechar al máximo los vaivenes de la oferta y la demanda. De cualquier manera, la usura es robo. Lo que no saben quienes actúan de esa manera es que cualquier dinero que logren acumular por esta vía sólo servirá para engordar las arcas de aquellos a quien Dios ha escogido para administrar sus riquezas y proveer con generosidad a los pobres y necesitados.

No hay nada más incierto que las riquezas y mucho más cuando estas se obtienen por métodos reprochables. Dios provee en abundancia a aquellos que saben manejar las riquezas que les han sido encomendadas para su administración. Tratar de obtener algo que está más allá de lo que Dios sabe que necesitamos y podemos manejar es meternos en camisa de once varas y desviarnos del sendero que Dios ha establecido para nosotros. ¿Estamos manejando nuestras finanzas de acuerdo a los criterios establecidos por Dios o de acuerdo con los criterios establecidos por el mundo? Dedicarle la atención adecuada a este aspecto de nuestra vida nos será de gran provecho. Confía en que el Señor Jesús te dará lo que necesites y un poco más. Administremos lo que él nos ha entregado de acuerdo a sus sabios principios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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