La palabra de hoy 6 de marzo de 2011


Una sola cosa le pido al Señor,
y es lo único que persigo:
habitar en la casa del Señor
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura del Señor
y recrearme en su templo.
Salmos 27:4

Muchas veces hay personas que asisten a los servicios dominicales como una cuestión de hábito. Quizá se criaron en un hogar cristiano y desde pequeños fueron acostumbrados a visitar la iglesia para “cumplir” con el Señor. Quizá piensan que la asistencia al culto es el requisito necesario y suficiente para mantenerse en relación con Dios. Este tipo de persona─muchos ni cristianos son─, cuando quiere ofrecer una buena referencia de su carácter, dice «Yo voy a la iglesia todos los domingos» como si esto fuera una demostración de que son buenas personas. Es bastante lamentable que algunos individuos que asisten con regularidad a la iglesia los domingos no sean verdaderos hijos de Dios, o por lo menos, bebes en Cristo. La buena noticias es que Dios sigue utilizando a la iglesia y a su liderazgo para transmitir a este tipo de personas su mensaje de amor y salvación. Para estas personas al menos existe una esperanza de que en algún momento la palabra de Dios penetrará el grueso velo que cubre sus corazones y así ellos puedan llegar a los pies del Señor Jesús para nacer de nuevo.

Para quienes ya han nacido de nuevo pero ven la asistencia al culto de la misma manera que la ve un inconverso, les digo que ésto no tiene nada que ver con las emociones. La asistencia a los cultos dominicales debe ser algo que contenga un sentimiento de anticipación de la adoración, la alabanza, la enseñanza, la comunión y el culto que se llevarán a cabo durante el servicio. En nuestro corazón deben surgir preguntas tales como ¿De qué irá a hablarme Dios hoy? ¿Podré derramar mi corazón ante él durante la adoración? ¿Podré tener un momento de camaradería con mis hermanos? ¿Podré poner en práctica las enseñanzas que voy a recibir? ¿Podré servir al Señor? No hagamos las cosas por rutina o costumbre. Debemos estar conscientes de cada paso que tomamos cuando visitamos el templo del Señor. El servicio nos será de mayor provecho para nuestra vida. Allí podremos contemplar la hermosura del Señor y gozarnos en su presencia. ¿Me acompañas? ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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