La palabra de hoy 27 de marzo de 2011


Al que no tiene hambre, hasta la miel lo empalaga;
al hambriento, hasta lo amargo le es dulce.
Proverbios 27:7

Mucho se ha hablado de la muy corta capacidad de fijar la atención que tienen los perros y esto es algo que siempre nos sorprende. No obstante, en estos tiempos postmodernos, la capacidad de fijar la atención de los seres humanos se ha acortado de tal manera que se ha aproximado a la de los caninos. Es muy común ver como las películas, los programas de televisión, los comerciales y cualquier clase de material audiovisual  a que somos expuestos contiene lenguaje e imágenes violentas, o por lo menos, demasiado dinámicas, realizadas de esa manera con el único propósito de mantener cautiva nuestra atención. La vida contemporánea se ha vuelto una lavadora funcionando en el ciclo de exprimir. Todo gira a alta velocidad y poco tiempo nos queda para dedicarlo a las cosas verdaderamente importantes como nuestra relación con Dios. Todo lo que nos rodea se convierte en una constante distracción y nuestra mente está programada para no quedar satisfecha con lo necesario sino siempre  ver, querer y tener  más y más. La codicia es parte integral de la naturaleza pecaminosa. Mientras más tenemos, más ansiamos. La palabra “suficiente” no forma parte del diccionario de los comportamientos humanos. El rey Salomón, autor de la cita de la palabra de hoy, escribió en otro de sus libros: “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente.” Aunque repitamos esta gran verdad hasta el cansancio, no lograremos que la gente lo entienda. Lo inmediato ha tomado control de nuestra vida y ha desplazado a lo importante de nuestra agenda diaria.

El apóstol Juan escribió: “Porque nada de lo que hay en el mundo ─los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida─ proviene del Padre sino del mundo.” No nos dejemos, pues, arropar y vencer por el mundo porque el mundo es nuestro enemigo y ceder ante él es perder la batalla. Confiemos en el poder de Dios que nos ha dado la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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