La palabra de hoy 9 de abril de 2011


No te hemos sido infieles,
ni nos hemos apartado de tu senda.
Pero tú nos arrojaste a una cueva de chacales;
¡nos envolviste en la más densa oscuridad!
Salmos 44:18-19

A pesar del profundo fracaso y del escándalo causado por los mercachifles de la teología de la prosperidad en las últimas tres décadas, todavía quedan algunos traficantes de falsas doctrinas por ahí actuando muy solapadamente pero con plena libertad, mercadeando sus vacías promesas y aprovechándose de las necesidades y de la esperanza de ingenuos creyentes. Pronto quedaron atrás los mega-escándalos y el daño causado al movimiento evangélico bajo el cual se cobijaban estos estafadores de la fe. No obstante, de vez en cuando reaparecen las controversias y ministerios poderosos caen por el desmoronamiento de sus bases de barro. La codicia ha reemplazado a la humildad y al dominio propio que, como componentes del fruto del Espíritu, todo hijo de Dios debe mostrar. A cambio de las ofrendas de los incautos oyentes de sus mensajes, ellos ofrecen con descarado engaño promesas de bienestar, éxito, fortuna y la supuesta felicidad asociada con las tres anteriores condiciones.

Si bien, a algunos de sus hijos Dios ha concedido bendiciones financieras, ésto no significa que todos han de recibirlas. La felicidad del cristiano, a pesar de las falsas enseñanzas al respecto, no depende de las posesiones o los tesoros que logre acumular. Recordemos la advertencia que nos dejó nuestro Señor Jesucristo: «¡Tengan cuidado! … Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes.» Algo parecido dijo el sabio rey Salomón cuando mencionó que hay «un tiempo para guardar y un tiempo para desechar.» La felicidad del hijo de Dios depende de la relación que sostenga con nuestro Padre celestial y no de las circunstancias que lo rodeen. Pidamos, pues, sabiduría de lo alto para discernir los falsos mensajes con que nos bombardean a diario los mercaderes de falsas promesas. Tan sólo busquemos cumplir la voluntad de Dios que todo lo demás nos será añadido. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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