La palabra de hoy 16 de abril de 2011


Y me pongo a pensar: «Esto es lo que me duele:
que haya cambiado la diestra del Altísimo.»
Salmos 77:10

Cuando estamos atravesando momentos difíciles y valles de tinieblas casi siempre nos da la impresión de que Dios se ha olvidado de nosotros o, si no se ha olvidado, se ha vuelto en contra de nosotros, lo cual es peor. En estos casos nos cuesta mucho hallar consuelo, conciliar el sueño y hasta hilar frases y pensamientos coherentes. Todo parece indicar que los beneficios de tener una relación con Dios ya no están disponibles para nosotros y el tiempo se nos va en rememorar épocas pasadas en las cuales pudimos disfrutar ampliamente de las bendiciones de Dios. En medio de la confusión y el desespero, el enemigo se aprovecha de nuestra debilidad para lanzarnos dardos de fuego cuyo propósito es que terminemos creyendo que ya no hay más nada que hacer y que todo está perdido. Su plan es que tiremos la toalla y nos consideremos derrotados.

Si en algo debemos estar claros es que la circunstancias en ninguna manera son un termómetro de nuestra condición espiritual. Hay quienes piensan que cuando las cosas salen mal o cuando nuestra salud se quebranta es porque estamos en pecado. Dicen que si no estamos disfrutando prosperidad financiera es porque hay algo malo en nuestra vida. Este tipo de declaraciones infundadas no pueden originarse sino en el corazón del padre de la mentira, Satanás y son repetidas irresponsablemente por quienes se han constituido en sus peones para causar daño y confusión. Veamos como el apóstol Pablo describía sus circunstancias: «Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.» ¿Se parece esta declaración en algo a la imagen del cristiano exitoso que nos quieren verdad los mercachifles de la teología de la prosperidad? ¿Verdad que no?

El apóstol Pedro complementó la idea de esta manera: «Que ninguno tenga que sufrir por asesino, ladrón o delincuente, ni siquiera por entrometido. Pero si alguien sufre por ser cristiano, que no se avergüence, sino que alabe a Dios por llevar el nombre de Cristo.» Dios no se ha apartado de nosotros. Aún si tus circunstancias te indican que has sido abandonado, no lo creas pues no es cierto. Sigue poniendo tu confianza en Dios que muy pronto podrás ver su mano poderosa en acción. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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