La palabra de hoy 21 de abril de 2011


Escucha, Señor, mi oración;
llegue a ti mi clamor.
Salmos 102:1

¿Por qué nos cuesta tanto y tan a menudo elevar una oración tan pronto vemos señales de que algo anda mal? Pensamos que nuestros asuntos no son tan importantes como para “importunar” a Dios con ellos o que tenemos la capacidad para resolver las cosas por nuestros propios medios y por lo tanto tampoco se debe “molestar” a Dios por nimiedades que nosotros mismos podemos solucionar. Cualquiera de las dos excusas que utilicemos, le estamos haciendo caso a los engaños de Satanás y no a la sabia dirección de Dios. En primer lugar, Dios está profundamente interesado en cada detalle de nuestras vidas por trivial que éste nos pueda parecer. Debemos recordar que fuimos comprados por precio y lo que se pagó por nuestro rescate es invaluable, la inocente sangre de nuestro Señor Jesús. Así que Dios se preocupa por cada uno de sus hijos con la misma atención o más que la que se le presta a un hijo único. Por otro lado, debemos reconocer que las veces que hemos intentado resolver las cosas por nuestros propios medios terminamos “embarrándola” y dejando las cosas peor que como estaban. Ésto no significa que debemos utilizar la estrategia del flojo y del cómodo, quienes nunca hacen nada para asegurarse de que nada se haga mal. Quienes nunca hacen nada tampoco hacen nada bien.

Tampoco podemos pensar que Dios está ahí como un genio encerrado en una lámpara dispuesto a concedernos tres deseos cada vez que se nos antoje frotar una lámpara como la que halló el archiconocido Aladino de Las Mil y Una Noches. El miedo también nos bloquea la razón y nos hace olvidar que debemos orar y actuar. Cuando el ejército egipcio se estaba acercando peligrosamente al pueblo de Dios que había salido de Egipto y que se encontraba atrapado contra el mar sin posibilidades de salida, Moisés clamó a Dios y Dios le respondió: «¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha! Y tú, levanta tu vara, extiende tu brazo sobre el mar y divide las aguas, para que los israelitas crucen sobre terreno seco.» La clave aquí es que la oración no sólo es útil para pedir ayuda a Dios en momentos de necesidad sino también lo es para comunicarnos con él bajo cualquier circunstancia en que nos hallemos. La acción personal coordinada con la comunicación con Dios por fe es la yunta que logra lo imposible. ¡Oracción! como diría el amado Pastor Presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral, Darío Silva-Silva. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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2 respuestas a La palabra de hoy 21 de abril de 2011

  1. maria dijo:

    yo soy una madre muy preocupada y angustiada, a causa de un hijo que no encuentra su camino y en estos ultimos años lo hemos pasado realmente mal, se que el no se encuentra bien, pero yo siempre he tenido esperanzas en un cambio por su parte, ahora esta dando pequeñisimos pasos que ojala sea lo que tanto suplico a Dios que culmine en nuestra tranquilidad, pues yo estoy muy cansada, la idea del suicidio pasa mucho por mi cabeza y por otra parte, se que eso le haria sufrir tambien,,sigo rezando y pidiendo por nosotros, y que mi suplica sea oida, en tus manos estoy, Dios mio

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