La palabra de hoy 29 de abril de 2011


Que nuestros graneros se llenen
con provisiones de toda especie.
Que nuestros rebaños aumenten por millares,
por decenas de millares en nuestros campos.
Que nuestros bueyes arrastren cargas pesadas;
Salmos 144:13-14a

“A Dios rogando y con el mazo dando” reza un antiguo dicho popular. ¡Oracción! diría el Pastor Darío Silva-Silva. No podemos pedirle a Dios que llene nuestros graneros sin antes haber regado los campos y haber cosechado el fruto de la tierra. No podemos pedirle a Dios que la cosecha sea abundante sin antes haber sembrado la semilla o plantado las vides. No podemos pedir las lluvias a su tiempo sin antes haber preparado la tierra. No podemos pedir que nuestros rebaños aumenten sin antes haber cuidado de ellos y haberlos llevado a pastar en los lugares adecuados. No podemos pedir que nuestras carretas estén cargadas con abundancia de productos sin haber trabajado para ello. En otras palabras, no puede haber prosperidad si no hay esfuerzo. Cuando las riquezas llegan por la vía fácil, por esa misma vía se alejan prontamente de nosotros.

Me encanta la manera como lo describió el sabio rey Salomón: “Asegúrate de saber cómo están tus rebaños; cuida mucho de tus ovejas; pues las riquezas no son eternas ni la fortuna está siempre segura. Cuando se limpien los campos y brote el verdor, y en los montes se recoja la hierba, las ovejas te darán para el vestido, y las cabras para comprar un campo; tendrás leche de cabra en abundancia para que se alimenten tú y tu familia, y toda tu servidumbre.” No nos limitemos, pues, a esperar que todo nos va a llegar como por arte de magia sin que se requiera un esfuerzo de nuestra parte. El empeño requerido no es tan grande como se pudiera pensar. Nuestro Señor Jesús nos dijo: «Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.» Es decir, se requiere un yugo y se requiere una carga, aunque sean livianas. No sigamos, pues, soñando con acertar el premio gordo de la lotería para poder satisfacer nuestras necesidades. Oremos y actuemos para que nuestros graneros se llenen… ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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