La palabra de hoy 7 de mayo de 2011


Odio a los que veneran ídolos vanos;
yo, por mi parte, confío en ti, Señor.
Salmos 31:6

Para todos los efectos prácticos, ídolo es todo ser, objeto, actividad, talento, institución o condición que distrae nuestra atención y pretende convertirse en un substituto de Dios. Es mucho más fácil tratar con lo se puede ver que con lo que no se puede ver. También es mucho más fácil colocar nuestra confianza y esperanza en lo tangible y conocido que en lo intangible y desconocido, incluso si lo tangible es un objeto inanimado e incapaz de hacer algo por nosotros. Fuimos creados para vivir en dependencia de Dios mas la naturaleza caída y pecaminosa nos hace vestirnos de un estúpido orgullo que nos hace creer que podemos vivir vidas independientemente de Dios. Somos parte de una creación. No podemos pensar que podemos abstraernos del mundo en que hemos sido colocados y de las leyes que gobiernan esta creación. Nuestro orgullo nos dice lo contrario y se apoya en la antigua pero efectiva mentira de la serpiente: “Llegarán a ser como Dios…” Quienes se dejan convencer por la premisa satánica cambian su obediencia a Dios por la obediencia al enemigo y también cambian sus posibilidades de libertad por una esclavitud del pecado.

¿Y para ti, qué ser, objeto, actividad, talento, institución o condición distrae tu atención y pretende convertirse en un substituto de Dios? Existen muchos productos atractivos compitiendo por tu atención en el mercado de la confianza. Tu trabajo, tu experiencia, tus títulos académicos, tu profesión, tu cuenta de ahorros, tus posesiones, tu inteligencia, tus habilidades, tus conexiones, tus amistades, tus ideas, tus capacidades, tu condición social, tu condición financiera, tu simpatía, tu facilidad de palabra, tu sentido de la oportunidad, deportes, hobbies, entretenimientos, etcétera, etcétera, etcétera, como diría el rey del famoso musical de Broadway escrito por Rodgers y Hammerstein “El Rey y yo.” Nunca permitas que cualquiera de estas cosas o personas ocupen el lugar que por derecho y definición le corresponde exclusivamente a Dios. Coloca al Señor Jesucristo en el centro de tu visión y no dejes que nada te haga apartar tu vista de él. Así aprenderás a depender más y más de él y a depender menos de los ídolos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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