La palabra de hoy 11 de mayo de 2011


Con el orgullo viene el oprobio;
con la humildad, la sabiduría.
Proverbios 11:2

Con el orgullo no se consigue nada bueno. De hecho, una de las actitudes más indignas es la arrogancia y cuando ésta se une al desprecio por los demás se convierte en algo realmente insoportable. El problema del orgullo es que no tiene marcha atrás. El orgulloso se siente más altivo cada día que pasa y es incapaz de aceptar que, dadas las circunstancias, le toque desempeñarse en un nivel más bajo del que ha alcanzado. Imaginémonos a un jugador de béisbol de las grandes ligas que le toque descender a la categoría AA. O a un jugador de fútbol que lo hagan descender de la primera a un equipo de la segunda o tercera división. ¿Se imaginan a un director de una empresa exitosa que tenga que desempeñarse como gerente medio en una empresa pequeña? ¿Y a un pastor de una iglesia de 5000 miembros dirigiendo una congregación de apenas 100 creyentes? Tenemos un concepto de éxito que está estrechamente ligado a los números o dimensiones y a la importancia que estos números implican. ¿Cómo piensan que pudo Moisés adaptarse a la vida de un pastor en el desierto después de haber vivido toda una vida de lujos y placeres en el palacio de Faraón? La palabra de Dios nos da la respuesta cuando nos dice: “A propósito, Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra.”

Ahora bien, quién nos dio el mejor ejemplo de humildad fue nuestro Señor Jesucristo, “quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte ¡y muerte de cruz!” Apartémonos tan lejos como podamos del pernicioso orgullo que nada bueno nos deja y, por el contrario, es capaz de causarnos mucho daño. Sigamos adelante con la mirada puesta en Cristo y en su ejemplar actitud. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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